Unidad de la humanidad - Amor Universal

3 - Amor Universal

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Monografía creado por Aitor.
29 de Abril de 2006
24 de octubre

Un hindú le dijo a ‘Abdu’l-Bahá:

- Mi misión en la vida es dar a conocer al mundo el mensaje de Krisna, en la medida en que me sea posible.

'Abdu'l-Bahá le contestó:

- El mensaje de Krisna es un mensaje de amor. Todos los Profetas de Dios han traído un mensaje de amor. Ninguno ha concebido que la guerra y el odio son buenos. Todos están de acuerdo en decir que el amor y la bondad son lo mejor.

El amor manifiesta su realidad con hechos, no sólo con palabras; éstas, por sí solas, no tienen efecto. Para que el amor pueda manifestar su poder debe existir un objeto, un instrumento, un motivo.

Existen muchos modos de expresar el principio del amor; existe el amor por la familia, por la patria, por la raza; hay entusiasmo político; existe también el amor de la sociedad por el servicio. Todas éstas son maneras y medios de expresar el poder del amor. Sin esos medios, el amor permanecería oculto, sin ser oído ni percibido, absolutamente inexpresado, sin posibilidad de manifestarse. El agua muestra su poder de diferentes modos, satisfaciendo la sed, favoreciendo el desarrollo de la semilla, etc. El carbón expresa uno de sus principios en la luz a gas, y uno de los poderes de la electricidad se pone de manifiesto en la luz eléctrica. Si no existieran ni el gas ni la electricidad, las noches del mundo serían profundas tinieblas. Es necesario, por tanto, tener un instrumento, un motivo para la manifestación del amor, un objeto, un modo de expresión.

Debemos encontrar el modo de difundir el amor entre los hijos de la humanidad.

¡El amor es ilimitado, sin fronteras, infinito! Las cosas materiales son limitadas, circunscritas, finitas. Nunca podréis expresar adecuadamente el amor infinito con medios finitos.

El amor perfecto requiere un instrumento desprovisto de egoísmo, absolutamente libre de cualquier clase de restricciones. El amor a la familia es limitado; el vínculo de sangre no es el lazo más fuerte. Con frecuencia, miembros de una misma familia están en desacuerdo, e incluso llegan a odiarse unos a otros.

El amor patriótico es finito; el amor al propio país que despierta el odio hacia los demás, no puede ser un amor perfecto. E incluso los mismos compatriotas no están libres de disputas entre ellos.

El amor por la raza es limitado; en éste se muestra una cierta unión, pero no es suficiente. ¡El amor debe estar libre de fronteras!

El amor por nuestra propia raza puede significar el odio a las demás y, con frecuencia, individuos de la misma raza se tienen aversión.

El amor político también está muy ligado con el odio de un partido hacia otro; este amor es muy limitado e incierto.

El amor por el servicio al interés común es igualmente fluctuante; con frecuencia surge la competencia que conduce a los celos y, con el tiempo, la envidia reemplaza al amor.

Hace unos años, Turquía e Italia mantenían un entendimiento político amistoso; en la actualidad están en guerra.

Todos estos vínculos de amor son imperfectos. Es evidente que estos limitados vínculos materiales son insuficientes para expresar adecuadamente el amor universal.

El gran amor desinteresado por la humanidad no está limitado por ninguna de estas imperfecciones, de estos lazos semiegoístas; éste es el único amor perfecto, posible para toda la humanidad, y que sólo puede alcanzarse por el poder del Espíritu Divino. Ningún poder de este mundo puede lograr el amor universal.

¡Unámonos todos en este divino poder del amor! Esforcémonos por crecer bajo la luz del Sol de la Verdad, y, al reflejar este amor luminoso sobre todos los seres humanos, que lleguen a unirse sus corazones de un modo tal, que les permita morar por siempre en el resplandor de este amor sin límites.

Recordad estas palabras que os dirijo durante mi breve estancia con vosotros, aquí en París. Os exhorto fervientemente: ¡no dejéis que vuestros corazones se esclavicen con las cosas materiales de este mundo; os encomiendo a no descansar complacidos en el lecho de la negligencia, cautivos de la materia; levantaos y libraos de sus cadenas!

La creación animal es cautiva de la materia; Dios ha conferido libertad al ser humano. El animal no puede escapar a la ley de la naturaleza, mientras que el ser humano puede controlarla, pues él, conteniendo en sí a la naturaleza, puede elevarse sobre ella.

El poder del Espíritu Santo, iluminando la inteligencia del individuo, ha hecho posible que éste descubra los medios de doblegar a su arbitrio una gran cantidad de leyes naturales. Vuela por los aires, flota sobre el mar, y hasta se desplaza bajo las aguas.

Todo ello prueba cómo la inteligencia humana ha sido capacitada para librarle de las limitaciones de la naturaleza, y para resolver muchos de sus misterios. El ser humano, hasta cierto punto, ha roto las cadenas de la materia.

El Espíritu Santo le otorgará al individuo mayores poderes que éstos, si tan sólo se esfuerza por alcanzar las cosas del espíritu y se empeña en armonizar su corazón con el amor infinito y divino.

Cuando améis a algún miembro de vuestra familia o a un compatriota, ¡que este amor sea como un rayo del Amor Infinito! ¡Que sea en Dios y por Dios! Dondequiera que encontréis los atributos de Dios, amad a esa persona, ya sea de vuestra familia o de otra. Derramad la luz del amor sin límites sobre todas las personas que os encontréis, ya sean de vuestra patria, de vuestra raza, de vuestro partido político o de cualquier otra nación, color o tendencia política. El cielo os ayudará mientras trabajéis en reunir a los dispersos pueblos del mundo bajo la sombra de la todopoderosa tienda de la unidad.

Seréis los siervos de Dios que moran cerca de Él, sus ayudantes divinos en el servicio, atendiendo a toda la humanidad. ¡Toda la humanidad! ¡Cada ser humano! ¡Nunca olvidéis esto!

No digáis, es un italiano, un francés, un americano, o un inglés; sólo recordad que es un hijo de Dios, un siervo del Altísimo, ¡un ser humano! ¡Todos son seres humanos! ¡Olvidad las nacionalidades; todos son iguales a los ojos de Dios!

No os acordéis de vuestras limitaciones; la ayuda de Dios os alcanzará. Olvidaos de vosotros mismos. ¡La ayuda de Dios con seguridad llegará!

Cuando acudáis a la Misericordia de Dios, que os está aguardando, vuestra fuerza será multiplicada.

Observadme a mí; soy tan débil y, sin embargo, he recibido la fuerza para venir a vosotros; ¡un pobre siervo de Dios a quien se le ha permitido traeros este mensaje! No permaneceré mucho tiempo con vosotros. Uno nunca debe considerar su propia debilidad; es la fuerza del Sagrado Espíritu del Amor la que proporciona el poder de enseñar. El recuerdo de nuestra propia debilidad sólo podrá traernos desesperación. Debemos mirar más allá de los pensamientos terrenales, librarnos de todas las ideas materialistas, y buscar las cosas del espíritu; fijemos nuestros ojos en la eterna y bondadosa Misericordia del Todopoderoso, Quien llenará nuestras almas con la alegría del servicio gozoso a su mandamiento: "Amaos los unos a los otros".
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