Unidad de la humanidad - El noveno principio

13 - El noveno principio

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Monografía creado por Aitor.
29 de Abril de 2006
LA NO INTERFERENCIA DE LA RELIGIÓN EN LA POLÍTICA

Av. de Camoëns 4

17 de noviembre

En su conducta en la vida, el ser humano actúa por dos motivos principales: "la esperanza en la recompensa", y "el temor al castigo".

Consecuentemente, esta esperanza y este temor deben ser tomados muy en cuenta por aquellos que poseen autoridad y ocupan cargos de gobierno. Su tarea en la vida es la de consultar entre ellos para estructurar las leyes y procurar su justa administración.

La tienda del orden en el mundo se levanta y establece sobre los dos pilares de "Recompensa y Retribución".

En los gobiernos despóticos, conducidos por personas carentes de fe divina, donde no existe el temor a la retribución espiritual, la ejecución de las leyes es tiránica e injusta.

No existe mayor prevención para la opresión que estos dos sentimientos, esperanza y temor. Ambos tienen consecuencias políticas y espirituales.

Si los administradores de la ley tomaran en consideración las consecuencias espirituales de sus decisiones y siguieran la guía de la religión, "serían los agentes divinos en el mundo de la acción, los representantes de Dios para quienes están en la tierra, y defenderían, por el amor de Dios, los intereses de sus siervos como defenderían los suyos propios." Si un gobernante comprende su responsabilidad, y teme desafiar la Ley Divina, sus juicios serán justos. Sobre todo, si cree que las consecuencias de sus actos le seguirán más allá de su vida terrenal y que "así como siembre así cosechará", tal persona, sin duda, evitará la injusticia y la tiranía.

Si, por el contrario, un funcionario pensara que toda la responsabilidad de sus actos termina con su vida terrenal, sin conocer ni creer en absoluto en los divinos favores y en el reino espiritual de la felicidad, carecerá de incentivo para obrar con justicia, y de inspiración para acabar con la opresión y la injusticia.

Cuando un gobernante sabe que sus juicios serán pesados en la balanza del Juez Divino, y que si no se le encuentra deficiente entrará al Reino Celestial, y que la luz de la Munificencia Celestial brillará sobre él, entonces seguramente actuará con justicia y equidad. ¡Observad qué importante es que los ministros de Estado sean iluminados por la religión!

Sin embargo, ¡los clérigos no tienen nada que hacer con las cuestiones políticas! Los asuntos religiosos no deberían confundirse con la política, en la condición actual del mundo (pues sus intereses no son los mismos).

La religión concierne a los asuntos del corazón, del espíritu y de la moral.

La política se ocupa de las cosas materiales de la vida. Los maestros religiosos no deberían invadir el campo de los políticos; deberían preocuparse de la educación espiritual de la gente; deberían dar siempre buenos consejos a las personas, tratando de servir a Dios y a la raza humana; deberían esforzarse por despertar la aspiración espiritual, y tratar de aumentar el entendimiento y el conocimiento de la humanidad, de mejorar la moral y de incrementar el amor a la justicia.

Esto está de acuerdo con las Enseñanzas de Bahá'u'lláh. En el Evangelio también está escrito: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios."

En Persia hay algunos de los más importantes ministros de Estado que son religiosos, ejemplares, veneran a Dios, y temen desobedecer Sus Leyes; juzgan con justicia y gobiernan a sus pueblos con equidad. En esa tierra hay otros gobernantes que no tienen el temor a Dios ante sus ojos, que no piensan en las consecuencias de sus actos, y que sólo trabajan para satisfacer sus propios deseos, y son ellos los que han arrastrado a Persia a la mayor tribulación y dificultad.

¡Oh, amigos de Dios, sed ejemplos vivientes de justicia! Para que así, por la Misericordia de Dios, el mundo pueda ver en vuestras acciones que manifestáis los atributos de justicia y misericordia.

La justicia no es limitada, es una cualidad universal. Su acción debe aplicarse sobre todas las clases sociales, desde la más elevada hasta la más baja. La justicia debe ser sagrada y deben tomarse en consideración los derechos de todos los pueblos. Desead para los demás sólo aquello que deseáis para vosotros mismos. Entonces gozaremos del Sol de la Justicia, que brilla desde el Horizonte de Dios.

Cada ser humano ha sido colocado en un sitial de honor, que no debe abandonar. Un humilde trabajador que comete una injusticia es tan culpable como un famoso tirano. Por esta razón, todos podemos escoger entre justicia e injusticia.

Yo espero que cada uno de vosotros llegue a ser justo, y dirija sus pensamientos hacia la unidad de la humanidad; que nunca perjudiquéis a vuestros vecinos, ni habléis mal de nadie; que respetéis los derechos de todos los seres humanos, y os preocupéis más por los intereses de los demás que por los vuestros propios. Sólo así os convertiréis en antorchas de la Justicia Divina, actuando en conformidad con las Enseñanzas de Bahá'u'lláh, Quien durante Su vida sufrió innumerables pruebas y persecuciones para poder mostrar al mundo de la humanidad las virtudes del Mundo de la Divinidad, haciendo posible que comprendierais la supremacía del espíritu y que os regocijarais de la Justicia de Dios.

¡Por su Misericordia, la Divina Munificencia será derramada sobre vosotros, y ruego por ello!
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