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Unidad de la humanidad - EL SEGUNDO PRINCIPIO

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CopyLeft Monografía de 'Abdu'l-Bahá - 29 de Abril de 2006
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6. EL SEGUNDO PRINCIPIO
LA UNIDAD DE LA HUMANIDAD

11 de noviembre

Ayer me referí al primer principio de las Enseñanzas de Bahá'u'lláh, "La investigación de la verdad"; acerca de cómo es necesario que el individuo haga a un lado toda clase de superstición y toda tradición que pudiera cegar su visión a la existencia de la verdad en todas las religiones. Aunque ame o esté adherido a alguna forma de religión, no debería permitirse detestar a las demás. Es esencial que busque la verdad en todas las religiones, y si su búsqueda es sincera, con seguridad triunfará.

Ahora bien, el primer descubrimiento que hacemos en nuestra "Investigación de la Verdad" nos guiará al segundo principio, que es "La unidad de la humanidad". Todas las personas son siervos del único Dios. Un solo Dios reina sobre todas las naciones del mundo y se complace con todos Sus hijos. Todos los seres humanos pertenecen a una misma familia; la corona de la humanidad descansa sobre la cabeza de cada persona.

A los ojos del Creador, todos Sus hijos son iguales; Sus bondades se derraman sobre todos. Él no favorece a esta nación o a aquella otra, todas por igual son Sus criaturas. Siendo así, ¿por qué hacemos divisiones, separando a una raza de la otra? ¿Por qué creamos barreras de superstición y de tradición que provocan discordia y odio entre la gente?

La única diferencia que existe entre los miembros de la familia humana es de grado. Algunas personas son como niños ignorantes, y deben ser educados hasta alcanzar la madurez. Otras son como enfermos, y deben ser tratadas con cuidado y cariño. Ninguna es mala ni perversa. No debemos sentir repulsión hacia estos pobres niños. Debemos tratarles con gran bondad, enseñando al ignorante y atendiendo cuidadosamente al enfermo.

Reflexionad: la unidad es necesaria para la existencia. El amor es la verdadera causa de la vida; por el contrario, la separación acarrea la muerte. En el mundo de la creación material, por ejemplo, todas las cosas deben su vida presente a la unidad. Los elementos que componen la madera, el mineral o la piedra, se mantienen unidos por la ley de atracción. Si esta ley cesara de actuar por un momento, estos elementos no se mantendrían unidos, se desintegrarían, y el objeto dejaría de existir en esa forma particular. La ley de atracción ha reunido ciertos elementos en la forma de esta hermosa flor, pero cuando dicha atracción se retira de su centro, la flor se descompone y, como flor, deja de existir.

Lo mismo sucede con el gran cuerpo de la humanidad. La asombrosa Ley de Atracción, Armonía y Unidad, mantiene unida a esta maravillosa Creación.

Así como es con el todo, es con las partes; tanto sea una flor o un cuerpo humano, cuando el principio de atracción se retira de ellos, la flor o el ser humano mueren. Resulta claro, por consiguiente, que la atracción, la armonía, la unidad y el Amor son la causa de la vida, mientras que la aversión, la discordia, el odio y la separación acarrean la muerte.

Hemos visto que cualquier cosa que traiga división al mundo de la existencia causa la muerte. Igualmente, en el mundo del espíritu actúa la misma ley.

Por consiguiente, todos los siervos del Dios único deberían ser obedientes a la ley del Amor, evitando el odio, la discordia y la lucha. Cuando observamos la naturaleza, encontramos que los animales mansos se reúnen en rebaños y manadas, mientras que el animal salvaje, las criaturas feroces, tales como el león, el tigre y el lobo, viven en las selvas, apartados de la civilización. Dos lobos o dos leones pueden vivir amigablemente; pero un millar de corderos pueden compartir el mismo aprisco, y un gran número de venados pueden formar una sola manada. Dos águilas pueden vivir en un mismo nido, pero un millar de palomas pueden reunirse en un mismo palomar.

El ser humano debería, al menos, contarse entre los animales mansos; pero cuando se vuelve feroz es más cruel y perverso que los más salvajes de la creación animal.

Ahora bien, Bahá'u'lláh ha proclamado "la Unidad del Mundo de la Humanidad." Todos los pueblos y naciones son una sola familia, los hijos de un mismo Padre, y deberían ser uno para el otro como hermanos y hermanas. Espero que os esforcéis en vuestra vida por demostrar y difundir estas enseñanzas.

Bahá’u’lláh dijo que deberíamos amar incluso a nuestros enemigos. Si todas las personas obedecieran este principio, se crearía en los corazones de toda la humanidad un gran sentimiento de unidad y comprensión.
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