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Unidad de la humanidad - EL UNDÉCIMO PRINCIPIO

Monografía creado por 'Abdu'l-Bahá. Extraido de:
29 de Abril de 2006
Religión

15 - EL UNDÉCIMO PRINCIPIO

EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

Av. de Camoëns 4

18 de noviembre

En la Enseñanza de Bahá'u'lláh se halla escrito: "Únicamente por medio del poder del Espíritu Santo puede progresar el ser humano, pues su poder es limitado, y el Poder Divino es infinito." El análisis de la historia nos lleva a la conclusión de que todas las personas verdaderamente notables, las benefactoras de la raza humana, aquellos que han inducido a las gentes a amar el bien y a detestar el mal, y que han sido la causa del verdadero progreso, todas ellas han sido inspiradas por la fuerza del Espíritu Santo.

Los Profetas de Dios no se graduaron en las escuelas de erudición filosófica; por el contrario, de hecho fueron muy a menudo de humilde origen, en apariencia totalmente ignorantes, personas anónimas y sin importancia a los ojos del mundo; algunas veces, careciendo incluso del conocimiento de la lectura y la escritura.

Fue el poder del Espíritu Santo lo que elevó a estos grandes seres humanos por encima de los demás, y los capacitó para convertirse en Maestros de la Verdad. Su influencia sobre la humanidad, en virtud de esta potente inspiración, fue grande y penetrante.

La influencia de los más sabios filósofos, carentes de este Divino Espíritu, ha sido comparativamente de escasa importancia, a pesar de la amplitud de su saber y la profundidad de su erudición.

Los intelectos excepcionales, como por ejemplo el de Platón, Aristóteles, Plinio y Sócrates, no han tenido una influencia tan intensa como para que algunas personas hayan anhelado sacrificar su vida por sus enseñanzas; mientras que algunos de aquellos seres sencillos conmovieron de tal manera a la humanidad que miles de personas se convirtieron voluntariamente en mártires para defender sus palabras; pues ¡esas palabras fueron inspiradas por el Divino Espíritu de Dios! Los profetas de Judea e Israel, Elías, Jeremías, Isaías y Ezequiel, fueron hombres humildes, como también lo fueron los apóstoles de Jesucristo.

Pedro, el adalid de los apóstoles, solía dividir el producto de su pesca en siete partes, y cuando al haber tomado cada una de esas partes para su sustento diario llegaba a la séptima porción, sabía entonces que era sábado, día de descanso. Considerad esto, y luego pensad en su posición futura; cuán grande fue la gloria que alcanzó debido a que el Espíritu Santo llevó a cabo grandes obras a través de él.

Vemos claro que el Espíritu Santo es el factor energizante en la vida del ser humano. Quienquiera que reciba este poder será capaz de influir en todos los que tengan contacto con él.

Los más grandes filósofos espirituales, sin este Espíritu, carecen de poder, sus almas no tienen vida, sus corazones están muertos. A menos que el Espíritu Santo exhale en sus almas, no podrán realizar buenas obras. Ningún sistema filosófico ha sido capaz de mejorar las conductas y costumbres de los pueblos. Los filósofos eruditos, sin la iluminación del Espíritu Divino, han sido casi siempre hombres de una moralidad inferior; no han proclamado con sus acciones la realidad de sus hermosas frases.

La diferencia entre los filósofos espirituales y los otros se demuestra con sus vidas. El Maestro Espiritual muestra su creencia en su propia enseñanza, siendo él mismo lo que recomienda a los demás.

Una persona humilde sin instrucción, pero plena del Espíritu Santo, es más poderosa que el más profundo y noble erudito carente de esa inspiración. Aquel que es educado por el Espíritu Divino puede, a su tiempo, guiar a otros a que reciban el mismo Espíritu.

Oro para que seáis instruidos por la vida del Espíritu Divino, para que podáis ser el instrumento de la educación de los demás. La vida y la moral de una persona espiritual constituyen en sí mismas una educación para quienes la conocen.

No penséis en vuestras propias limitaciones, fijad vuestra atención sólo en el bienestar del Reino de Gloria. Considerad la influencia de Jesucristo sobre sus apóstoles, y luego pensad en su efecto sobre el mundo. Estos simples hombres fueron capacitados para difundir las buenas nuevas por el poder del Espíritu Santo.

¡De la misma manera, todos vosotros podéis recibir la asistencia divina! ¡La capacidad no tiene límites cuando es guiada por el Espíritu de Dios!

La tierra por sí sola no tiene las propiedades de la vida, es árida y seca, hasta que el sol y la lluvia la fertilizan; no obstante, la tierra no tiene que lamentarse de sus propias limitaciones.

¡Que la vida os sea conferida! Que la lluvia de la Misericordia Divina y el calor del Sol de la Verdad hagan fructificar vuestros jardines, para que puedan brotar en abundancia muchas flores hermosas de exquisita fragancia y amor. Apartad vuestros rostros de la contemplación de vuestras propias limitaciones, y fijad la mirada en el Esplendor Eterno; entonces vuestras almas recibirán en gran medida el divino poder del Espíritu y las bendiciones de la Infinita Merced.

Si os preparáis así, os convertiréis en una ardiente llama para el mundo de la humanidad, en una estrella de guía, en un árbol fructífero, transformando su oscuridad y su tristeza en luz y alegría, por los brillantes rayos del Sol de la Misericordia y las infinitas bendiciones de las Buenas Nuevas.

Éste es el significado del poder del Espíritu Santo, que pido sea generosamente derramado sobre vosotros.
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