Utopía y profecía del Nuevo Mundo en el exilio republicano en México - Adolfo Sanchez Vazquez, una crítica a la utopía

7 - Adolfo Sanchez Vazquez, una crítica a la utopía

Monografía creado por Claudia Macías Rodríguez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/utopia.html
08 de Septiembre de 2006

Con Adolfo Sánchez Vázquez nos hacemos una doble pregunta: ¿Se puede hablar de realización de la utopía de América? ¿Los exiliados vivieron su proceso de adaptación en la nación mexicana como una integración o como una subcultura?

Adolfo Sánchez Vázquez participó activamente en el ejército republicano. Después de la derrota, emprendió el camino del exilio; en su condición de desterrado en México, inició su producción intelectual.(74) Y él mismo dice: “una truncada práctica literaria y, precisamente, poética, me lleva a problematizar cuestiones históricas, y una práctica política me condujo a la necesidad de esclarecerme cuestiones fundamentales de ella y, de esta manera, así sin proponérmelo, me encontré en el terreno de la filosofía. No fue, pues, para mí la entrada en la filosofía el producto de una lección puramente teórica y, menos aún, académica”.(75)

De esa actividad filosófica, Adolfo Sánchez Vázquez desprende una crítica al utopismo y lo analiza desde una perspectiva científica que le permite deslindar aquellas doctrinas utópicas que no deben considerarse como tales. Señala que ya antes del Renacimiento, Platón nos había legado una utopía de su República perfecta: “El filósofo griego es plenamente consciente de la inadecuación entre su modelo ideal y la realidad existente, y además tiene por insalvable el abismo entre el modelo y su realización”. Por lo tanto, -señala- la utopía de Platón se mueve en el terreno de lo imposible: “Lo utópico es aquí una idea irrealizable, no sólo en principio, sino por principio”.(76)

Pero ya en los tiempos modernos la utopía se interna en el campo de lo posible. Y Sánchez Vázquez dice que así sucede con las construcciones imaginarias de Moro y Campanella: “La utopía [en ellos] muestra una inadecuación, expresa una disconformidad y organiza una esperanza. Esta línea utópica tendrá seguidores en América y concretamente aquí en México que llegaría a más lejos: trataría de inspirar con ella una práctica”. Sánchez Vázquez se refiere a la labor de Vasco de Quiroga basada en la utopía de Tomás Moro, y durante los primeros momentos del exilio en México, al intento de aplicación de la utopía de Francois Marie Charles Fourier, los falansterios.

Las utopías renacentistas son proyectos, anticipaciones de lo posible, de una realidad que no existe pero que puede existir. En la utopía renacentista, lo que carece propiamente de lugar, de topos, es la acción, el esfuerzo práctico transformador. Y el utopismo revolucionario teórico y práctico, a diferencia del reformista, quiere la nueva sociedad a partir de un acto total y definitivo: la revolución. El utopismo, con su doble faz -reformista y revolucionaria- se presenta como un hecho histórico en el proceso práctico y real de la lucha por una nueva sociedad, y en el proceso teórico por la fundación de un socialismo no utópico que Marx -y sobre todo Engels- llamarán científico.(77)

En nuestro estudio nos interesa la perspectiva científica que utiliza para revisar la utopía, perspectiva que intitula: “once tesis no utópicas sobre la utopía”. Destacaremos aquí únicamente las que servirán de punto de comparación con el pensamiento de Larrea, León Felipe e Imaz.

Primera. La utopía es una representación imaginaria de una sociedad futura. La relación de la utopía con su objeto se realiza por medio de la imaginación. No es un objeto ideal, fuera del tiempo y del espacio, sino instalado en el porvenir: anticipa imaginativamente una sociedad futura.(78) En este punto, la propuesta de los tres podría tener la calidad de utopía.

Segunda. El deseo de la utopía es deseo de realización y, hasta donde es posible, deseo de contribuir prácticamente a realizarla.(79) Imaz afirma que es consciente de que para modificar las condiciones y para realizar su “búsqueda de la verdad” debe combatir, debe actuar. En Larrea, la exposición de sus ideas no deja ver clara la intención de querer contribuir “prácticamente” a realizarlas.

Cuarta. “La utopía es una construcción imaginaria de la sociedad futura, pero hunde sus raíces en el presente. […] El utopismo viene a ser una especie de compensación de las limitaciones históricas del presente”.(80) El gran problema de los desterrados es el adaptarse a la realidad, porque el primer paso es el más difícil, “hundir sus raíces en el presente”, tratando de imponer ese presente a la memoria del pasado a la que naturalmente se aferran. Y si esto ocurre en el plano de las ideas, cuánto más en el plano de lo pragmático. En este marco podemos entender mejor el desgarramiento de la poesía de León Felipe que avanza hacia una toma de conciencia del presente que les toca vivir.

Quinta. “El utopismo es un producto histórico necesario”. La determinación de la utopía por el presente y su relación inversa con el desarrollo histórico, hacen de ella un producto imaginario, pero no casual o arbitrario, sino históricamente necesario.(81) La obra de Imaz está marcada por esta constante preocupación de la inserción en el desarrollo histórico.

Séptima. “La utopía tiene una existencia real, efectiva; la utopía es, a la vez, topía. […] Queremos subrayar que, lejos de no hallarse en ninguna parte, se halla en un lugar y forma parte del mundo real. La utopía es una idea que se aspira a realizar, aunque el resultado del proceso de realización sea el fracaso o la impotencia. Pese a este resultado, la utopía genera una práctica. La utopía, por ello, como práctica es topía, sin dejar de ser -con su fracaso e impotencia- utopía.(82)

Novena. Aquí Sánchez Vázquez apuesta por la utopía en cuanto que la utopía revela un hueco que la ciencia no puede llenar. La utopía implica una doble relación imaginaria: con el futuro y el presente.(83) Así pues, en las ciencias sociales, donde este conocimiento tiene peculiaridades que limitan la previsión científica, las utopías ocupan el hueco que las ciencias no pueden llenar.

Undécima. “Los utopistas se han limitado a imaginar el mundo futuro de distintos modos; de lo que se trata es de construirlo”.(84) Como interpretación al margen de la praxis y no fundada en el conocimiento de lo real, la utopía tiene que quedarse en una interpretación ilusoria del mundo que no puede contribuir decisivamente a una transformación radical de la realidad.

Adolfo Sánchez Vázquez nos muestra un texto que está muy cercano a lo que fue el encuentro de la “topía” para los exiliados. Tomando en cuenta lo que en México podía hacerse, dado el nivel en que se encontraba el desarrollo material y cultural de entonces, orientaron su vida como pudieron en un campo u otro: “Se trataba de adaptarse a un medio que se desconocía por completo, y de adaptarse en condiciones que, no obstante la generosa hospitalidad, significaba construirse una nueva vida marcada por el desgarrón terrible del destierro. Eramos eso: desterrados y no simples transterrados como nos calificó después Gaos. Nunca estuve de acuerdo con esta expresión de mi maestro. [...] Nos pusimos a encauzar nuestra nueva vida con la firme creencia de que ella constituiría un paréntesis de breves años hasta la vuelta a la patria.”(85) En el anterior discurso encontramos la llegada a una topía. El intento por adaptarse al medio a través de una utopía: la esperanza en el retorno a España.

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Monografía de Claudia Macías Rodríguez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/utopia.html CopyLeft
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