3 - Juan Larrea, un pensamiento complejo

Monografía creado por Claudia Macías Rodríguez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/utopia.html
08 de Septiembre de 2006

¿De dónde podría brotar lo nuevo si no es de la mente original y absolutamente personal de un individuo que rebasaba los linderos del orden existente? Juan Larrea se vio siempre como un elegido. En “Atienza” podemos leer: “Comprendí que ante mis ojos y consumando su acción por las llanuras de las llanuras, cielo y tierra se estaban suicidando lentamente. [...] Quise entonces empalmar en mis venas las azules del mundo y vi que era posible. ¡Oh, oh, sí era posible!”.(6)

Resumir la tesis de Larrea no es tarea fácil, en cuanto que se trata de una obra densa y a menudo esotérica. Pero sus principales postulados se encuentran en Rendición de Espíritu, de 1943. Revisaremos aquí los que interesan para nuestro estudio.

Primero. El descubrimiento de América para Larrea constituye “el primer paso efectivo hacia la verificación del más allá integral tan sumamente apetecido. La idea de esa región ulterior que hasta entonces pertenecía al reino absoluto de lo abstracto”.(7) Larrea analiza las figuras de la geografía continental y las relaciona con símbolos. Por ejemplo, la forma de alas que encuentra en el contorno geográfico del continente americano para relacionarlo con “la esencia profunda de España”.

Segundo. Los tres continentes -Asia, Europa y América-, en conjunción con el Padre, el Hijo y el Espíritu, revelan -según Larrea- un acorde universal.(8) Ahora bien, este postulado no es nuevo. Proviene de la utopía de Joaquín de Fiore y data de la Edad Media. Fiore (Calabria 1130?-1202), en sus tres obras Concordia Veteris et Novi Testamenti, Exposition in Apocalypsim y Tractatus super quator Evangelia afirma que la historia de la humanidad se divide en tres etapas, cada una regida bajo el patrocinio de una de las personas de la Trinidad. La primera va desde la creación a la redención y es el reino del Padre. La segunda es la redención y es el reino del Hijo. La tercera es el imperio del amor, la edad de la sociedad perfecta que es el reino del Espíritu Santo.(9) Ascunce Arrieta confirma lo anterior al señalar que “los expresados larreanos, a pesar de su naturaleza arquetípica, se sustentan sobre dos tópicos ya clásicos: el tópico del homo novus y el tópico de la terra nova”. Y agrega que estos tópicos adquirieron su máxima expresión durante el humanismo renacentista. Toda esa filosofía se encuentra planteada en las utopías de Moro y Campanella, entre otros.(10)

Tercero. La idea de que la universalidad constituye “el galardón esplendoroso con que la muerte del pueblo español nos brinda, la comprensión ideológica en el plano del Verbo, del lenguaje liberador, de lo humanamente transmisible”.(11) Esta será otra constante en su propuesta: el interpretar la guerra de España como la catarsis propiciatoria de la transformación y “transubstanciación” de España en el Nuevo Mundo; el salto del centro civilizador de España hacia América.

Cuarto. La serie dialéctica “tesis Asia, antítesis Europa, síntesis América como exponente de la universalidad que se prepara a reinar sobre el planeta [...] Tesis Cristo, la mansedumbre; antítesis el germanismo, la guerra; síntesis la Paz plenaria, dinámica. [...] tesis individualismo, antítesis colectivismo, síntesis equilibrio del Ser, etc.”, tiene como cierre a España, “trampolín donde la Historia da el salto hacia su superación, tan deseada, hacia los días en que por la colaboración de los hombres todos y el equilibrio sintético de todas las cualidades podrá edificarse la ciudad nueva”.(12) Cabe recordar aquí la idea sobre el mecanismo de la utopía acerca de la concepción de la vuelta a la edad de oro.

Larrea interpreta la transformación de España como “el milagro de la mariposa”, “el larvado gusanillo” que de la oscuridad “ha pasado a la luz, del reptar al vuelo, de la hoja a la nupcia floral, de su soledad estéril al esquema de la dualidad sexuada que se establece a través de la fecundidad creadora del Ser”.(13) Todas estas ideas serían luego retomadas por Eugenio Imaz, también exiliado, quien acepta una transformación de España pero sin la carga de significación esotérica que Larrea le confiere. Para Juan Larrea, se trata de una nueva dimensión creadora como en la Poesía, y para Imaz, de una nueva proyección en la línea de la historia.

Quinto. Otro símbolo que nos interesa rescatar es el del profeta Jonás, ya que éste es asumido también por León Felipe en su poesía. Larrea señala que por medio del libro de Jonás, “los libros sagrados dirimen la litigiosa competencia que se establece entre el espíritu y la letra de la profecía”,(14) y alude al gran enojo de Jonás contra Dios por el incumplimiento de la profecía anunciada: la destrucción de Nínive.(15)

José Gaos habla sobre la propuesta de Larrea. El ilustre filósofo señala que Rendición de Espíritu, “es una filosofía de la historia que se extiende a ser una filosofía social y toda una metafísica, comprensivas de una autointerpretación y autojustificación”. Y agrega que “en este clima espiritual de nuestros días, nada más natural que sobrevengan acontecimientos irracionales y que sean objeto de exégesis irracionalistas. Así, los acontecimientos de España [...] y sus consecuencias, han sido para autores y víctimas, y aun para espectadores, de una grandiosidad apocalíptica, esto es reveladora”.(16)

Gaos justifica la teoría larreana sumándose al entusiasmo del hecho histórico: “la experiencia vital, con conciencia de serlo histórica, la experiencia de la guerra civil en su relación prevista y confirmada con la mundial, ¡la experiencia de esta América de lengua, de cultura, española, hecha colectivamente y a fondo, a fondo de vida compartida hasta la intimidad y en tantos casos sin duda para siempre! ¿No había de traducirse en muchos, en todos, en una filosofía y en una poesía de la historia centradas sobre España y su América, o América y su España?”.(17) Es notable el entusiasmo que comparten dos exiliados que podemos ubicar entre los “privilegiados” por las condiciones en que vivieron la guerra civil y por la manera en que pudieron trasladarse a México. Subrayamos además la intención que se deja sentir en la última frase de la opinión de Gaos en términos de posesión.

Otro juicio proviene del surrealista Pierre Mabille, colaborador de España Peregrina y luego de Cuadernos Americanos, quien dedica su libro Egregores, ou la vie des civilisations (París, 1938) a los combatientes de la España revolucionaria “aplastados por el peso de un mundo de muerte” y los llama “primeros vividores de la gran leyenda en que se forjaría la nueva conciencia de los hombres”.(18) Mabille, en un artículo donde revisa las diversas interpretaciones de las reacciones del ser con respecto al universo, habla de la obra de Juan Larrea y dice: “el conocimiento de la historia ha constituido la ciencia sagrada en el esoterismo antiguo. El notable libro de Juan Larrea muestra cómo los sucesos contemporáneos han verificado las predicciones simbólicas de los textos sagrados del cristianismo, cómo la vida mística de Pedro se ha materializado en el destino de la Iglesia, cómo la de Santiago constituye una prefiguración del destino de España y de su metamorfosis americana”.(19)

Así pues, dos pensadores avalan la obra de Larrea: Gaos y Mabille. Pero hay que considerar la naturaleza de sus comentarios en términos de la identificación de Gaos con Larrea por razones de semejanza en la situación de “transterrados”, y de Mabille con Larrea por la dimensión metafísica de su interpretación de la historia.

Por otra parte, Caudet considera que Larrea había llegado a estas conclusiones a posteriori, después de haberse visto obligado a trasladarse a América.(20) José Paulino comparte la afirmación de Caudet al señalar que la interpretación de Larrea que apunta al nacimiento histórico de una nueva realidad humana, está fijada en 1939-1940 en sus líneas fundamentales. Y agrega: “los símbolos de la versión primera de Ilegible hijo de flauta que se remonta a los años 1927-1928, parece que ya hacían referencia a este mito organizador de la obra de Larrea”.(21) Pero aun antes de la fecha señalada por Paulino, Larrea concebía ya un destino particular para América. En textos poéticos como “Atienza” de 1926-1927, ya se encuentran presentes dichos símbolos: “Y comprendí o creí comprender muchas cosas ocultas [...] cielo y tierra se estaban suicidando lentamente. [...] Pero tampoco he logrado encontrar a Atienza. Y hoy creo haber descubierto que su ausencia no es un asunto de horas ni de días. [...] Si alguien se le busca, en América se le encontrará”.(22)

Además, en la correspondencia que Larrea sostenía con GerardoDiego se puede encontrar una serie de datos que ponen en evidencia el poco interés “real” por la causa de España. En primer lugar, se alegra sobremanera cuando estalla la guerra y ellos se encuentran “milagrosamente” fuera de España. En la carta fechada el 20 de julio de 1936 dice: “¡Cómo me alegro de que estás en Francia! La Vida hace bien las cosas. Así podrás contemplar objetivamente los sucesos en cuanto se aquiete su impresionabilidad”.(23) Las cartas del 13 de agosto, 29 de agosto y 30 de septiembre de 1936, de considerable extensión, constituyen una serie que tiene por eje la discusión de las respectivas posturas de Larrea y de Gerardo Diego respecto de la guerra civil. Es notable una clara exaltación republicana en Larrea que intenta convencer a Gerardo Diego aún vacilante. En esas cartas, Larrea explica su tesis principal, el “Advenimiento de Otro Mundo”, como visión apocalíptica. Dice en la carta del 29 de agosto de 1936: “No sé si alguna vez te he dicho que el Apocalipsis es la clave de interpretación mística de la Historia de España que, como el nombre de Santiago, presenta lo sagrado incorporado a su constitución misma”.(24) Así pues, parece imposible que Juan Larrea hubiera podido prever todas las condiciones del exilio para que, en el término de unas cuantas semanas después de estallar la guerra, tuviera “diseñada” una teoría utópica que pondría al servicio de la “España Peregrina” en vistas de su reconstrucción.

Juan Larrea corresponde mejor a la figura del exegeta que del utopista. En la definición del Diccionario de la Real Academia Española, profeta significa: “1. Poseedor del don de profecía. 2. Hombre que por señales o cálculos hechos previamente, conjetura y predice acontecimientos futuros. 3. Hombre que habla en nombre y por inspiración de Dios”.(25)

Cabe preguntarnos ahora, ¿utopía o profecía, qué palabra define mejor el ideario larreano? Larrea habla del Nuevo Mundo como una nueva estructura “en que lo social ayudaría a perfeccionar al individuo, a hacerle crecer conforme a justicia en vez de envilecerlo a sus propios ojos”.(26) Si comparamos esta propuesta con ciertas consideraciones que parecen ajenas por completo al compromiso social y revolucionario con España, no podemos sino cuestionar la incongruencia de sus ideas. Por ejemplo, en la carta antes citada del 29 de agosto de 1936, cuando dice: “una cosa te voy pedir Gerardo y para conseguirlo necesito la ayuda de Germaine: que mientras puedas no vayas a España y que evites toda ocasión de tomar partido públicamente. La ocasión se te ha dado de poder hacerlo; aprovecha las ventajas que esto supone que la Vida más tarde no dejará seguramente de utilizarlas”,(27) ¿qué podemos pensar de la veracidad de su ideario?

La falta de solidaridad con la causa de España llega al extremo en la posdata de la misma carta: “Buena fuga la de Bernabé y en verdad no es de extrañar que desquiciado su ánimo, y el de otros, con los horrores que ha visto se encuentre en la incapacidad de considerar con independencia lo que está pasando en España. Mas no es ese tu caso ni el mío. Por eso no deja de chocarme tu esperanza de que las impresiones personales de Bernabé puedan modificar mi modo de pensar. ¿Valdría la pena de llevar los años que llevo entregado por medio de la negación de mí mismo a desentrañar el sentido de la Vida para, a última hora y cuando la ocasión llega a comprender su muy delicado veredicto [deba desechar] todos los fundamentos y principios de cálculo penosamente adquiridos remitiéndome a las impresiones de una persona que, aunque amigo querido, no tiene conocimiento alguno sobre la materia ni dispone de la necesaria libertad de juicio?”.(28)

Así pues, proponemos una revisión de ciertos postulados que la han llamado “teoría utopista”, y que parecen responder mejor a otro tipo de enunciación. Más adelante revisaremos el grado de efectividad de los “instrumentos” de cambio que debería aportar.

¿El ideario de Larrea es una propuesta utópica o una visión profética apocalíptica?, o bien, en cierto momento de necesidad por las circunstancias, ¿un recurso que aseguraría un protagonismo en un país en donde se debía empezar una nueva vida bajo las condiciones del exilio?

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