6 - Las revistas del exilio

Monografía creado por Claudia Macías Rodríguez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/utopia.html
08 de Septiembre de 2006

La proyección de los conceptos de Juan Larrea, León Felipe y Eugenio Imaz en la actividad literaria, ya como base filosófica ya como recurso a favor de la reconstrucción de España, fueron decisivos en el carácter de las tareas culturales que desarrollaron los españoles exiliados en México. Destacan dos revistas: España Peregrina y Romance. La primera, con su antecedente inmediato en el Diario del Ipanema y su proyección en el diario personal de José Bergamín. Y la segunda, con su doble proyección: en la figura de Antonio Sánchez Barbudo, y en los diarios Presencia y Ultramar.

Francisco Caudet señala el tono fraternal del Diario del Ipanema que luego se transforma en un tono paternalista: “si se habla en principio del milagro ‘azteca-español’, al final se habla de una política ‘hispano-mexicana’”. Caudet señala que la impotencia ante la realidad de la derrota y la certeza moral de que representaban una legitimidad histórica y política que habría de salir finalmente vencedora, explica, desde sus comienzos, el discurso político del exilio.(61) Y esa perspectiva está también en la línea de la visión que luego se tuvo de América en España Peregrina.

La Junta de Cultura Española conformada en París se encargó, una vez en México, de financiar la editorial Séneca y la publicación de la revista España Peregrina, así como de fundar varios colegios para los hijos de los exiliados y de desarrrollar numerosas actividades teatrales, musicales y artísticas.

Sin embargo, fue en España Peregrina donde los aspectos más típicos del exilio -el sentimiento de extrañamiento, de angustiosa soledad, de dolorosa nostalgia- fueron abordados con mayor frecuencia. En España Peregrina se reflexionó de manera reiterada sobre Europa y América, articulando la visión utópica de América de manera un tanto obsesiva, a través de la obra de Juan Larrea quien se dedicó a escribir sobre la dimensión utópica de América.

América era para ellos una tierra de promisión, una utopía hecha realidad. Pero con todo, el discurso en torno a los dos continentes estaba dominado por la peculiar perspectiva de unos españoles que, por una parte, serían traicionados por unas democracias europeas en las que habían confiado y que, por otra, se habían visto forzados a trasladarse al continente americano del que poco o nada sabían y en el que, debido a unas supuestas afinidades culturales e históricas pensaban que podrían, al menos potencialmente, ejercer un cierto protagonismo. Esa postura de España Peregrina es evidente desde el editorial de presentación de la revista: “Era España un pequeño universo aparte, clave y semilla de universalidad [...] Por eso nosotros, intelectuales españoles, herederos en el espíritu de los afanes de nuestro pueblo, del ser humano, proclamamos públicamente nuestra decisión de no perdonar esfuerzo ni sacrificio que pueda conducir al triunfo de la causa universalizada de España en su territorio y en el orbe. [...] Muy en articular nos dirigimos a vosotros, pueblos de América, incorporados materialemente a la universalidad por el esfuerzo creador de España. Entre vosotros nos hallamos movidos por un mismo designio histórico, consagrados a una empresa similar de nuevo mundo.”(62)

No abundan en la revista los escritos sobre temas literarios y artísticos, y las veces que se ocuparon de esos temas lo hicieron, fundamentalmente, para proclamar la superioridad hispánica de determinadas manifestaciones culturales con las que se identificaba la España del exilio.

León Felipe y Juan Larrea fueron dos figuras determinantes en la dirección de la revista y en el pensamiento sobre América. Así lo expresa el primero en lo que fue un ensayo del primer editorial que abriría y presentaría la revista al público hispanoamericano: “Creemos que España es una historia prolongada en el espacio y en el tiempo y que lo más esencial de su historia ha saltado a América y se está desenvolviendo aquí ahora, por encima y por debajo de las grandes banderas políticas y diplomáticas. Lo hemos creído antes de los últimos y dramáticos acontecimientos del mundo. [...] El hombre va de la tierra perdida a tierra de Promisión.”(63) Por lo que toca a la presencia de Juan Larrea basta decir que publicó en España Peregrina los primeros capítulos del libro Rendición de Espíritu que ya antes revisamos.

José E. Iturriaga cuestiona la teoría sobre Europa y América de Larrea, en su artículo “Hacia una definición de América”, publicado en el núm. 6 de Cuadernos Americanos de 1942. La disputa fue tan comentada que luego se publicó parte de ella en Letras de México, núm. 23, 1942, de donde citamos: “No permita que la voluptuosidad de crear mitos lo extravíe -dice Iturriaga a Larrea- y lo lleve a alinearse a bandos que ha combatido con denuedo. [...] Un escritor modesto no tiene derecho a estar mal informado, aunque sea poeta”. Más adelante agrega: “vuelve usted a sacrificar la verdad en aras de su mito geográfico”.(64)

La utopía que sostenía España Peregrina se disolvió al convertirse en Cuadernos Americanos, revista que sobrevive en una larga trayectoria. Horacio Cerrutti dice al respecto: “En todos los sentidos del término, Cuadernos se aparece ante nuestros ojos como una utopía realizada. Abrir un foro donde puedan convivir y disentir las mejores propuestas, proyectos y argumentos de la izquierda latinoamericana y mantenerlo regularmente durante tantos años, si no es utopía es, entonces, muy cerca de ella, un sueño realizado”.(65)

A los pocos años de su comienzo, el exilio adquirió una dimensión filosófica. Y no deja de llamar la atención que José Bergamín y Juan Larrea, que no consiguieron convivir durante la etapa de España Peregrina, coincidieran en la misma tendencia de teorizar en torno a las esencias de lo español y que convirtieran los dos lo religioso en la razón determinante de la configuración histórica de España. La figura de José Bergamín proyecta, en cierta medida, los postulados larreanos en su revista El Pasajero, de 1943. Antonio Sánchez Barbudo dice a propósito de esa revista: “Aunque sus páginas no aparezcan amarillentas o rosadas por los años ni sus lomos exhalen esa humedad nostálgica que nos habla del frescor y la intimidad de otro tiempo, allí esperábamos hallar en esta larresca edición de El Pasajero una violeta olvidada o el esqueleto de cualquier flor silvestre. La lectura de estas páginas, ingeniosas, apasionadas, nos deja también en la mente la sugestión de una silueta romántica: el desterrado”.(66)

Sin embargo, no todas las revistas asumieron la misma postura ideológica. El discurso de la revista América por ejemplo, dista mucho del de España Peregrina y en particular del discurso de Juan Larrea. Lo mismo ocurre con Romance en donde la realidad se impone y la visión utópica de América se difumina.

En Romance se sumaron “lo más sensible, sabio y exigente de la España republicana que halló en México oportunidad de vida y acción, y lo más vivaz y rico de las letras mexicanas. Los mexicanos trabajaron junto a los españoles de excepción. El objetivo que persiguió Romance fue el entendimiento perfecto de la misión que debe cumplir la cultura en nuestro días, en ese instante preciso de América”.(67) Cuando se trató de expresar el agradecimiento por el asilo recibido, su tono fue mesurado al agradecer la solidaridad que el pueblo mexicano brindó a los desterrados españoles.(68)

Antonio Sánchez Barbudo, en la introducción a la edición facsimilar de Romance, dice: “El 13 de junio de 1939 entraba en el puerto de Veracruz el Sinaia. [...] Ahora estábamos en la Nueva España, en un país de nuestra lengua, libres, acogidos. [...] Estábamos en otra España. Una España trascendida, diríase, diluída, más extensa. [...] Fue el encuentro con la lengua, la alegría y la sorpresa de hallarnos de pronto en un país de nuestra lengua, aunque en otro mundo, la impresión fue honda y duradera. [...] Y de ahí el título Romance que se le ocurrió a Lorenzo Varela”.(69) Pero Sánchez Barbudo reconoce que en un primer momento, su hispanismo “nada convencional pero del que estábamos, en parte causa de la guerra, muy seguros y orgullosos, era un oscuro sentimiento que queríamos imponer”. Y luego agrega, “era el nuestro, en suma, un españolismo absorbente, incluyente, declarado; aunque nada ‘imperial’, claro es, era arrogante. Un españolismo que a los mexicanos debía a veces recordarles, salvando las grandes distancias y diferencias, al de Cortés, el conquistador tan odiado”.(70)

Así pues, es innegable la presencia del sentimiento del ser español en todos los exiliados, principalmente en su relación con respecto al medio mexicano en el que debían intentar integrarse. La revista Romance fue ejemplo de que no era imposible la tarea de la asimilación a la realidad americana. La decisión de cortar las alas a ciertas tendencias se refleja con claridad. No se habla de España tanto como podría haberse esperado. Con honestidad reconocen: “Cometimos sin embargo el gran error de permitir, aunque ello no fuera en verdad una decisión deliberada, que todos los miembros de la redacción de Romance fueran refugiados españoles, lo cual además de grosero, era sin duda inconsistente con nuestro proclamado deseo de colaborar íntimamente con los mexicanos”.(71) El equipo de redacción fue cesado y dirigieron una carta al público bajo el nombre de “El caso de Romance”, en donde declararon que la empresa cultural iniciada por Romance continuaría libremente. Firmaban el escrito Juan Rejano, Miguel Prieto, Lorenzo Varela, Antonio Sánchez Barbudo, Adolfo Sánchez Vázquez y José Herrera Petere, con fecha del 5 de octubre de 1940.(72) Entre las causas del rompimiento de Romance con el cuerpo directivo de españoles exiliados, además de los intereses particulares de los patrocinadores, están las desaveniencias con los jóvenes redactores que tardaron poco en aflorar.

Adolfo Sánchez Vázquez dice a propósito de Ultramar, revista fundada por la Unión de Intelectuales Españoles en México: "fundamos también la revista Ultramar de la que apareció un solo número. Las esperanzas de una pronta vuelta a España ya se habían disipado”.(73) La permanencia en México era ya un hecho, y los esfuerzos por integrarse a su realidad tendrían que incrementarse.

Si relacionamos las fechas en que se publican la mayoría de las propuestas sobre América en el pensamiento de los exiliados, nos daremos cuenta de que el año de 1943 es decisivo en la conformación de los idearios y programas para la restructuración de la comunidad española exiliada en México. En 1943, Larrea publica Rendición de Espíritu. León Felipe, Ganarás la luz. José Bergamín, El Pasajero. Sánchez Barbudo, Una pregunta sobre España. Imaz está escribiendo sus ensayos de Topía y utopía. Es de notar, además, el gran interés por desarrollar ese tipo de obras cuando apenas han pasado tres años de su estancia en México; es decir, cuando ya han tenido que ir cuestionándose su estancia en América y cuando ven acercarse el fin de una guerra que los dejará como los vencidos.

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