6 - Notas
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El presente escrito tiene dos finalidades. La primera es dar a conocer algo de la personalidad y la obra de Vicente Fatone al lector no especialista; de allí la libertad tomada en lo tocante a ciertas afirmaciones; de ahí también la manera un tanto punzante de algunas formulaciones a lo largo de todo el texto. En segundo lugar, se busca despertar, en otros lectores, un interés no meramente informativo sobre un autor cuya obra presenta perspectivas infrecuentes acerca de cuestiones aún actuales por irresueltas. Las palabras que Héctor Ciocchini (cfr. Nota 15) escribió en 1967 acerca de la obra fatoniana puede que estén en camino de verificarse: "Su obra no será naturalmente, por ahora, la más admirada pero no vacilo en decir que con el tiempo surgirá como una de las más originales que en el plano de las ideas ha producido nuestro país. Parece haber recogido y observado, eso dicho en primera instancia y en términos generales, todo lo que los otros pensadores filósofos de nuestro país desdeñaron o no supieron leer con atención, más preocupados ante el juicio de los muchos".
Por otra parte, en cierta medida, una presentación de esta índole es algo forzosa: muerto Fatone hace más de tres décadas y con su obra prácticamente agotada desde hace muchos años (salvo por la traducción inglesa de El budismo nihilista [The Philosophy of Nagârjuna. --New Delhi: Motilal Banarsidass, dos ediciones: 1981/1991--] y por una lamentable 2º edición de Filosofía y poesía, a la que se hace referencia también en la nota 15), decíamos, pues, en estas circunstancias tan particulares, no le será fácil al lector interesado acceder a la información de primera mano para poder formar su propio juicio sobre los aspectos que este trabajo pone en juego.
En cuanto a las notas adjuntadas al cuerpo del trabajo, solo miran a ilustrar el entretejido de los vectores históricos a los que el escrito alude sin profundizar. En lo tocante a los fragmentos de cartas del profesor Fatone o las enviadas a él, todas las copias le fueron facilitadas al autor por la viuda de Fatone, la Sra. Ana María Guntsche, quien falleció, creemos, en 1993 o 1994. Se han incluido además testimonios orales recogidos por el autor durante varios años de entrevistas sobre la vida y obra de Fatone. -
Conviene no confundir universalismo con erudición; es decir, con el trabajo que realizan ciertos individuos en la recolección, preparación, traducción y, en cierta medida, divulgación de los "materiales" que hacen al trabajo intelectual. La razón para no confundir ambas cosas radica en que el universalismo requiere de una cuota de esteticismo y dandismo no comportado por el trabajo erudito; de ahí la falta de promoción y consideración de este último en Latinoamérica. Valga un primer ejemplo. La traducción directa al castellano de la Fenomenología del espíritu de Hegel, cuidada y anotada por el profesor Alfredo Llanos (Buenos Aires: Editorial Rescate, 1991, 509 págs.), no solo apenas recibió alguna escuálida recensión en los diarios porteños, sino que, es de suponer, sigue siendo desconocida en todo el mundo de habla hispana dado que, si la memoria es fiel, la mayor parte de la edición fue a dar a la basura después de la repentina muerte del editor. En resumidas cuentas, el esfuerzo de un traductor especializado puede ser ignorado sin más ya que éste no se ocupaba de quedar bien con camarillas. Un segundo ejemplo, en cambio, puede ser la elección de los traductores para los títulos de las respectivas versiones castellanas de dos libros de Elémire Zolla. Se trata de la Storia del fantasticare y L'eclisse dell'intellettuale que fueron vertidas al castellano como Historia de la imaginación viciosa y Antropología negativa. Los vectores emotivos de la opción léxico-estilística del traductor (un reconocido profesor argentino) quedan absolutamente claros frente al análisis demoledor de ambas obras.
Ahora bien, las relaciones entre esteticismo, dandismo e intelligentsia resultan un aspecto poco considerado en el estudio de la literatura en castellano del siglo pasado. De no ser así, la producción literaria del siglo XVIII peninsular no tendría tan mala reputación. De hecho, basta situarse en la España de fines del ochocientos para notar que las diferencias entre enfoques en la lectura actual de autores como Varela, Alarcón, Pardo Bazán y Clarín no siempre tienen en cuenta esta variable del análisis. Circunscribiendo más aún el tema, no es difícil demostrar que el "conservadurismo" de Alarcón, que tantos espasmos produce entre los críticos, tuvo su origen, entre otras cosas, en un empeñoso estar en contra del dandismo. Esto viene a cuento porque es este parámetro el que da sentido rechazo de todo de "lo español" tan característico de las regiones de habla hispana del continente (lo que en las regiones anglo y lusitanoparlantes ha dado en casi una situación de división total). A nadie medianamente informado sobre la historia de los países americanos se le escapa que una consideración tal incluye hasta las guerras de la independencia (masonería incluida). No es éste el lugar apropiado para discutir este aserto pero, en caso de estupor, conviene notar que aquí no se hace sino seguir una línea de análisis como la de Urs von Balthasar en su análisis de las relaciones entre J. G. Hamann y el idealismo alemán (The Glory of the Lord. A Theological Aesthetics. Trad. ingl. San Francisco: Ignatius, III (1986) 239-278. -
Ante todo, piénsese en las razones para los nombres de los países de América y se obtendrá un primer plano del catastro subconsciente de ciertas tendencias europeas en el nuevo continente (incluyendo la América angloparlante, la de ascendencia lusitano-africana, la francesa y la holandesa). En segundo lugar, y reduciéndose ahora al orbe latinoamericano, la mencionada geografía explica la fama europea (superación de la frontera lingüística) de las figuras intelectuales de dicho orbe, con influencia en los primeros sesenta años de este siglo. Ese conflicto (y su encuentro con los diversos conflictos de las naciones europeas) explica (aunque no agota) la revolución lírica de Darío; la reputación de Octavio Paz como conocedor del mito; el éxito de Borges como escritor de ficción; el respeto que hizo de Alfonso Reyes un embajador itinerante entre los países de la hispanidad, y la falta de respeto que forzó a Pedro Henríquez Ureña a ser un maestro mendicante por los países de América Latina; el enorme logro de una revista como Sur y los pasatiempos intelectuales de su mentora, Victoria Ocampo; la respetuosa acogida mexicana de Ángel Rosenblueth como fisiólogo, y la inconcebible omisión de su enorme contribución a la cibernética en todo el continente americano; el estado depresivo de Héctor A. Murena en su primera visita a Florencia y su suicidio (¿forzoso o forzado?); los vaivenes literario-ideológicos de Vargas Llosa, Leopoldo Lugones o Pablo Neruda; las relecturas de la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, la (aún por descubrir) labor del José Babini que miraba a fomentar una cultura que no excluyera la ciencia; la muerte de Martí (como bien lo vio Alfonso Reyes), todas las formas de criollismo (realismo mágico incluido), indigenismo, literatura feminista, sensualismo (excepto quizás los casos donde la influencia del África es muy notoria: testigos inmejorables: Vinícius de Moraes y el Federico García Lorca que visitó Cuba); la hinchazón retórica de las brillantes intuiciones de la obra de Ezequiel Martínez Estrada; el tema de la existencia de una filosofía, una literatura y una lingüística latinoamericanas; los exilios queridos o forzados…y la lista se hace interminable. Por último, fuerza es reconocer que los tiempos han cambiado y que muchas de las figuras latinoamericanas destacables de la presente hora (pero que aún no son figuras universales) han cambiado de actitud y parecen insistir en el hecho de haber hallado un modo de expresión propio del lugar con el que se identifican. Lamentablemente esta nueva actitud plantea toda una nueva serie de interrogantes que no encuentran espacio entre estas líneas.
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"El extremismo de la filosofía oriental". Obras completas. Buenos Aires: Sudamericana, I (1972) 352.
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Esta afirmación requiere de ciertos ajustes. Ante todo, debe tenerse en cuenta que aquí se habla de hombres formados en la cultura burguesa moderna que, como señaló Eliade, buscan la salida del tiempo diario, del tiempo que corrompe y envejece, en la lectura (aunque nada impide incluir en este grupo a los artistas de todo tipo). Ahora bien, dentro de este inmenso grupo, solo se tiene en cuenta a aquellos que han buscado una respuesta universal sin salirse de los marcos propios de su educación, sin intentar volverse participantes de otra cultura (los casos que tratan de combinar las "cosas rescatables" de cada cultura no se tienen en cuenta por fantasiosos). Es por eso porque aquí no pueden considerarse situaciones como la de Carlos Castaneda, quien, es de suponer, se sumergió en el nuevo mundo que los shamanes le descubrieron; ni casos como el de John Gneisenau Neihardt, quien fue meramente el compilador de una sabiduría tradicional india sin participación personal alguna en la misma. En cambio, sería lícito analizar la inclusión en esta propuesta de los hombres que, estudio mediante, ahondaron de algún modo la doctrina de la que participaban: sea ésta la cultura humanística profundizada al modo de Andrés Bello; sea el catolicismo de Fray Mamerto Esquiú; sea el estudio de las doctrinas orientales en Héctor A. Murena, Daniel J. Vogelman; sea el de las americanas aborígenes en Juan Adolfo Vázquez, entre los latinoamericanos; y sea el caso de las filosofías hindúes o el catolicismo en R. W. Emerson, T. S. Eliot o Ezra Pound, entre los norteamericanos. Con todo, tal vez se esté pensando más aún en aquel librito de T. Merton sobre la civilización del Monte Albán, como paradigma.
En segundo lugar, debería tenerse en cuenta el influjo de la masonería (o, si se quiere, de las sociedades secretas en general) en los medios americanos; naturalmente, con todos los reparos puestos por una mirada penetrante y conocedora como la de René Guénon o la de los especialistas en el tema (las sugerencias iniciales para lecturas específicas pueden hallarse en la entrevista a Elémire Zolla realizada por Domenico Crocco: "In Principio era l' Esoterismo". Il bosco sacro. Percorsi iniziatici nell' imaginario artistico e letterario. E. Zolla e Marina Maymone Sniscalchi curatori. Foggia: Bastogi Editrice Italiana, 1992, 14-19). El tema es inevitable si se tiene en cuenta que estas investigaciones muestran con nitidez el origen "secreto" de las ideologías. De ahí también que la inclusión de la masonería en la conformación del mapa de las Américas no sea un hecho ni casual ni aislado y que su desconocimiento por parte de las varias historiografías que cruzan el continente de norte a sur no sea más que otro caso de miopía epistemológica. De todas formas, para quien anda por las Américas, le bastará con leer la obra de los prohombres de la América hispana o recorrer las ciudades de los Estados Unidos para comprobar la indiscutible presencia de lo masónico. En algún lugar, Federico González Frías señaló la equivalencia, en un cierto sentido, de la función de los templos masónicos norteamericanos con los templos católicos de la hispanidad americana. Sea de ello lo que fuere, hoy por hoy, la consideración de esta variable histórica, como se acaba de señalar, está siendo seriamente considerada por el mismo trabajo intelectual realizado en distintos puntos de Europa. Piénsese cuán interesante resulta el caso de un Simón Bolívar, cuya personalidad generó visiones tan distintas como las de Miguel de Unamuno y Karl Marx; o la de aquel José de San Martín arjunizado que alguna vez presentó Ricardo Rojas al público lector argentino.
En último lugar, podría completarse el panorama con la inclusión de los casos de estudiosos desconocidos. La idea del ignoto, hombres que perciben y persiguen la verdad, mediante una sostenida labor intelectual, sin hacerse evidentes al público estudiante (tal como los definió Papini), no puede descartarse entre el público estudioso americano; especialmente, si se piensa que este grupo de hombres es ajeno a cualquier ideología. -
Ortiz, Claudio. "Vicente Fatone, como otros intelectuales, estuvo preso… por intelectual". El hogar: Buenos Aires 2401 (1955) 8.
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Art. cit. en la nota 13, pág. 2.
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Mandada desde Buenos Aires el 26 de octubre de 1962 a pedido de Juan Adolfo Vázquez, quien por entonces estaba preparando su Antología filosófica argentina del siglo XX.
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El discurso completo se incluye en el volumen Documentos para la historia de la Universidad Nacional del Sur. Bahía Blanca: Universidad Nacional del Sur, 1982, pág. 241-242.
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Astolfi, José Carlos. "Homenaje a la escuela centenaria". Historia de la Escuela Normal de Profesores 'Mariano Acosta'. Buenos Aires: Asociación de Ex Alumnos de la Escuela Normal de Profesores 'Mariano Acosta', 1974, 67.
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De hecho, en algunas de las notas preparadas por Fatone para una conferencia sobre la influencia de Oriente en el Occidente contemporáneo, se indicaba que Korn había pertenecido a un grupo budista radicado en la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires. Si se considera que Korn murió en 1936, se podrá ponderar lo insólito de la noticia.
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Alrededor de 1932, el director de la editorial francesa Bossard pidió a Fatone un libro sobre las Úpanishad, para ser publicado en París, proyecto que evidentemente nunca se llevó a cabo.
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Carta fechada el 27 de junio de 1956 y escrita en Bahía Blanca.
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Massuh, Víctor. "Vicente Fatone, el hombre y el filósofo". Sur 286 (1964) 64.
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Si se exceptúa aquella pública toma de posición de Miguel Ángel Virasoro en ocasión del otorgamiento del Premio Nacional de Filosofía correspondiente al año 1956: "(...) demostré acabadamente que el capitán Romero no era un filósofo creador, sino un mero repetidor y divulgador de ideas ajenas, sin la profundidad y pleno dominio de la problemática filosófica contemporánea de Carlos Astrada ni la brillantez y genialidad de Fatone". La carta abierta de Virasoro fue publicada con el título "Una carta que lo dice todo" en la revista Propósitos (Bs. As.), el 12 de marzo de 1957. También puede consultársela en el trabajo de Luis Farré: Cincuenta años de filosofía en la Argentina. Bs. As.: Peuser, 1958, 171, nota 3. No cabe duda de que algún lector querrá ver justificados los juicios sobre lo extraordinario del caso fatoniano. Para comenzar a informarse sobre su vida y obras, se indican a continuación algunos trabajos que dicho lector sabrá sopesar:
- Ciocchini, Héctor E. "Un humanismo viviente en la espiritualidad de Vicente Fatone", Cuadernos del Sur, Bahía Blanca (Argentina) 6-7 (1967) 127-142;
- De Olaso, Ezequiel. "Una mystica perennis", Journal of Inter American Studies IX 4 (1967) 576-590;
- García Bazán, Francisco. "Vicente Fatone: El pensador y el orientalista a través de las obras de su madurez", Cuadernos de Filosofía (Buenos Aires) XV 22-23 (1975) 271-292;
- Iannone, A. Pablo. "Fatone", Biographical Dictionary of Twentieth-Century Philosophers. Ed. Stuart Brown, Diané Collinson, Robert Wilkinson. New York, Routledge: 1996: 227;
- Laudato, Ricardo. "Reconstrucción de Vicente Fatone", Papeles de la India (Nueva Delhi) XXI 2-3 (1992) 5-39;
- Massuh, Víctor. "Vicente Fatone, el hombre y el filósofo", Sur (Buenos Aires) 286 (1964) 64;
- Olivieri, Francisco José. "Vicente Fatone", Cuadernos de filosofía (Buenos Aires) XV 22-23 (1975) 293-299;
- Olivieri, Francisco José. "Bibliografía de Vicente Fatone", Cuadernos del Sur, Bahía Blanca (Argentina), 14 (1981) 13-32 [Aunque no es completa, es la única bibliografía publicada hasta el presente. En el mismo nº 14, que es un volumen homenaje a la memoria de Fatone, Olivieri publica otro trabajito titulado "Cronología de Vicente Fatone" (pág. 5-11) que es muy aprovechable, pero que plantea cierto problema imposible de tratar por el momento];
- Vázquez, Juan Adolfo. "Vicente Fatone", Antología filosófica argentina del sigloXX. Buenos Aires: Sudamericana, 1965, 308-309; 10.
- Zucchi, Hernán. "Mística y religión en Vicente Fatone". Cuadernos del Sur, Bahía Blanca (Argentina) 14 (1981) 33-41 [Si bien núcleo del artículo trata de lo anunciado en el título, Zucchi hace interesantes observaciones sobre el corpus fatoniano]
Por otra parte, se sugiere realizar una confrontación entre los artículos sobre Fatone publicados en el Diccionario de filosofía de Ferrater Mora (si no nos equivocamos, los encargados de las entradas sobre filósofos argentinos conocieron personalmente a Fatone) y la necrológica firmada por Xavier Fábregas en la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana de Espasa-Calpe (suplemento 1961-62, pág. 189). El resultado es realmente curioso: los primeros embalsamaron a Fatone según los parámetros habituales del discurso universitario consagrado. Fábregas, por su parte, había leído y justipreciado el trabajo fatoniano como intérprete del pensamiento oriental aunque, extrañamente, parecía no tener conocimiento de los últimos trabajos de Fatone.
Cabe agregar otro dato curioso con respecto a la conspiración de silencio inocentemente ejercida contra la personalidad y la obra de Fatone en la Argentina (de la cual el mismo Fatone hizo mención alguna vez). En 1994, se publicó en Buenos Aires una segunda edición de Filosofía y poesía, después de casi cuarenta años de ostracismo editorial para una obra impecable. Lamentablemente, la edición es un despropósito: el texto en sí presenta tantos cortes inexplicables (¿justificables por el término "selección" de la portada?) con respecto de la edición de 1954 que su lectura es totalmente desaconsejable. -
Según el testimonio de Alicia Dujovne Ortiz: "(Fatone) Fue un profesor capaz -literalmente y sin exageraciones- de cambiar el rumbo de la existencia de sus alumnos gracias a una manera suya de influir sin invasiones, con una relación de persona a persona poco habitual entre los profesores argentinos de más de una década atrás". ["Vicente Fatone y la región de la que no se vuelve", Clarín, Buenos Aires 12/12/74]. Según el testimonio de Malena Lasala (discurso inédito, pronunciado en acto de homenaje a Fatone realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1982 y gentilmente facilitado por la autora): "Las anécdotas son muchas. Sólo quiero agregar un recuerdo que me asaltó sin quererlo mientras escribía estas páginas. Hacía mucho tiempo que yo había dejado de ver a Nía, la esposa de Fatone. La encuentro casualmente y, al saludarla, me pongo a llorar de un modo incontenible. Habían pasado más de diez años de la muerte de Fatone. Ese instante imprevisible y casi impudoroso, a pesar mío, fue una intensa emoción que no se iría sin dejar rastros: la de saber que el corazón humano esconde sus tesoros pero no conoce el olvido".
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"La idea del tiempo en la teoría del conocimiento". Boletín de la Universidad Nacional del Litoral III 3, 1-8 (1929) 503-510.
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"La danza, expresión mística". Mundo musical (Buenos Aires) 3 (1928) 5.
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"Meister Eckart". Cursos y conferencias III 6 (1933) 641-655; reproducido más tarde en Temas de mística y religión. Bahía Blanca (Argentina): Universidad Nacional del Sur, 1963, 37-50.
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Para un panorama sucinto y completo de lo que fueron los intereses filosóficos del ambiente juvenil porteño, y con especial hincapié en la discusión sobre el criticismo en las páginas de la revista Inicial, puede consultarse con provecho la obra de Jorge Dotti, La letra gótica. Recepción de Kant en la Argentina, desde el Romanticismo hasta el treinta. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, 1992.
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Vale la pena citar las líneas con las que Papini cerraba su carta de reconocimiento por el artículo sobre su persona y su obra escrito por Fatone (Pieve San Stefano, 12/11/1928): "S' io verrò mai a Buenos Aires (e la cosa non è impossibile), lei sarà il primo uomo ch' io cercherò". Es de notar que Papini fue incapaz de notar las posibilidades latentes en el libro de Fatone, lo que llevó al florentino a ignorar una de las respuestas más originales dadas desde Sudamérica.
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Éstas fueron las palabras de Marcel (Paris, 24/9/1951): "Veuillez croire, cher Monsieur, à l' assurance de mes sentiments très devoués et reconnaissants pour la façon magistrale don't vous avez exposé ma pensée".
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Carta personal a Fatone, enviada con membrete de la Université Catholique de Lyon y fechada el 10 de octubre de 1952.
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Dejando a un lado la lógica india, hay en esta amplitud de Fatone quizás la huella de un precursor de los estudios de la lógica en Argentina; se está haciendo referencia, claro está, a Alfredo Franceschi (1886-1937), quien parece haber presentado, tanto desde la cátedra como desde su obra, una aproximación a las lógicas que no hacía de la tecniquería un presupuesto filosófico. En 1921, cuando Fatone comenzaba sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Franceschi era profesor interino de Lógica. Dato curioso, además, tanto Fatone como Franceschi iniciaron la universidad estudiando ingeniería y, al tercer año de carrera, la abandonaron para iniciar, de cero, estudios en filosofía. Sobre Franceschi, pueden verse sus Escritos filosóficos, prólogo de Armando Asti Vera, La Plata (Argentina), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 1968.
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Reseña del acto recordatorio en el primer aniversario del fallecimiento de Fatone, organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, cfr. La Nación (Buenos Aires) 20/12/63.
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"El extremismo de la filosofía oriental". Obras completas. Buenos Aires: Sudamericana, I (1972) 356.
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Es interesante destacar que, en 1939, María Zambrano había publicado un libro de título idéntico y que, algunos años más tarde, en 1955, ambos autores publicarían sendos libros con título casi similar: ella, El hombre y lo divino; él, su El hombre y Dios. Dada la coincidencia de intereses de ambos autores por la filosofía y lo sagrado, podrían esperarse coincidencias o influjos mutuos. Nada más alejado de la realidad. El libro de la escritora española es una reflexión que tiene reconocidos antecedentes en la literatura filósofica de este siglo. Por el contrario, el texto de Fatone no tiene ningún antecedente asignable en la literatura contemporánea de Occidente, como, de alguna manera, se infiere de lo afirmado por Zucchi (cfr. nota. 10 y la segunda cita de la página 18 ). Aún más, todavía está por hacerse un análisis que permita asignar a la ensayística doctrinal de Fatone algún espécimen de los genera dicendi conocidos. Por supuesto, buena parte de la obra fatoniana presenta notorias afinidades con la obra ensayística de Héctor A. Murena, José Ángel Valente, Rosario Assunto y con los últimos trabajos de Grazia Marchianò y Elémire Zolla, por citar algunos nombres. Empero, el propósito poético de Fatone da como resultado una textura discursiva que exige del lector una peculiar concentración de sentimiento e inteligencia hasta para su comprensión más superficial. Para un primer tratamiento de este aspecto particular de la obra fatoniana, puede consultarse el trabajo de Ricardo Laudato: "Reconstrucción de Vicente Fatone", Papeles de la India, Nueva Delhi XXI 2-3 (1992) 5-39.
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En La Nación de Buenos Aires del 19/11/31, puede hallarse una reseña anónima de Sacrificio y gracia de Fatone, escrita por un guenoniano precipitado (digno precedente de lo que se avecinaría después en este campo). Dejando aparte los múltiples comentarios que dicha recensión podría sugerir, vale ponderar algunos de los tantos desaciertos de Fatone: "Finalmente, (Fatone) trata en forma harto sumaria e imperfecta la doctrina ortodoxa de la India y concede una importancia exagereda a la herejía budista cuya comprensión es más fácil a su formación occidental y a su concepción (que no es adecuada a la verdadera mística cristiana) de la experiencia religiosa". Como se recordará, gracias a los magistrales trabajos de Ananda Coomaraswamy, Guénon reconoció, con toda honradez, su error de apreciación acerca del carácter herético del budismo.
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Panikkar, Raimundo. "Monólogo con Vicente Fatone". Fatone, Vicente. Obras completas. Buenos Aires: Sudamericana, II (1972) 10-11. Para una perspectiva "cognitiva" del mismo asunto, consúltese la introducción a The Eliade Guide to World Religions (San Francisco: Harper, 1991) escrita por Ioan P. Couliano con el título de "Religion as a System" (págs. 1-7).
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Se hace referencia a "History of Religions in Retrospect", incluido en el volumen The Quest. History and Meaning in Religion. Chicago: The University of Chicago Press, 1967, 12-36.
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Lo que demuestra la total desorientación del verboso análisis de García Bazán en el artículo citado en la nota 15.
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En la misma carta citada en la nota 8, Fatone también incluía este comentario: "El existencialismo, en realidad, no me interesó sino por la concomitancia que tiene con la mística y con los problemas teológicos". Esta afirmación echa por tierra el eje estructural que inerva la mayoría de las entradas sobre Fatone en los diccionaros de filosofía.
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En carta a Héctor Ciocchini, escrita desde Nueva Delhi y fechada el 19 de junio de 1958, Fatone hablaba así de su cargo de embajador: "A otro amigo le he escrito explicándole que no pienso "cotidianizarme" aquí, en estas funciones, en que acaso sea eficaz, pero en las que no tengo "depositado mi corazón". Tampoco lo tuve nunca depositado en la cátedra, y eso es lo que todos ignoran –y lo que todos se resistirían a admitir, si lo supiesen-. Solo me interesó el contacto humano, de persona a persona, y la cátedra no fue sino un recurso –no el único, ni el mejor- para lograrlo.
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Cfr. art. cit en la nota 15, pág. 33 del artículo.
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La elección del adjetivo no puede sorprender. El género de las disputas y el uso de la lógica en la presentación de argumentos es conocido en todas las civilizaciones que combinan la tradición literaria (no solo obras de ficción) con la práctica jurídica. Que un vector de orientación tal se haya perdido en la Modernidad europea, no significa que su valor haya cesado o disminuido en la conformación de dichos textos y, por ende, en su interpretación actual.
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No pueden discutirse aquí los rasgos propios de cada uno de los rótulos provisorios usados aquí para definir los posibles tipos de ensayos. De todas maneras, conviene aclarar las fuentes. El primero es una sugerencia de Jaime Rest: "Jorge Luis Borges y el ensayo especulativo", en El cuarto en el recoveco, Bs. As., C.E.A.L., 1993; el segundo fue acuñado en cierta ocasión por Julio Balderrama, uno de los ignoti mencionado en la nota 5. Cabe aclarar que, en el momento de redactar este trabajo, el autor desconocía la existencia de la labor de José Luis Gómez-Martínez en el campo de la ensayística en castellano, y desconocía también su libro, Teoría del ensayo (con dos ediciones, una en Salamanca (1981) y otra en México (1992). De ahí que lo afirmado aquí sobre la labor del ensayista requiera de aclaraciones que se dejan para mejor oportunidad.
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De Olaso en su artículo de 1967 (cfr. trabajo nº 2 de los listados en la nota 10) brinda una serie de claves no siempre evidentes para el lector, las que explican lo peculiar de la actividad académica de Fatone.
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Esta pregunta, sorprendentemente, fue hecha en varias oportunidades dentro del marco de presentaciones académicas (cosa relativamente inexplicable). Las respuestas fueron, por diversas razones, de lo más disparatadas.
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Es conveniente establecer breve y provisoriamente el valor de ciertos términos para evitar malentendidos. Siguiendo en esto a juicios autorizados, llamaremos aquí iniciado al individuo que ha recibido el influjo espiritual de un maestro autorizado, perteneciente a una tradición iniciática, a fin de lograr el acceso a la Trascendencia. En cambio, por místico entendemos no apartarnos del uso que de dicho término hacen las enseñanzas de la teología mística católica.
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Para una rápida y esencial visión de la jerarquía confuciano-taoísta, véase la "Introducción" de Juan Valmard a la versión castellana del libro de J. C. Cooper. El taoísmo. La vía de lo místico. Buenos Aires: Lidium, 1985.
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De todas maneras, pueden ofrecerse lecturas introductorias, acordes con la naturaleza simple de esta presentación, a fin de dar una idea sobre qué senderos debe transitar una investigación tal. Estas lecturas se sugieren a modo de piezas sueltas de una imagen subyacente, cuya reconstrucción se deja librada al lector interesado. Asimismo, se brinda una serie de categorías clasificatorias para las lecturas, que pueden ser de cierta utilidad. Para una teoría psicológica de base metafísica, cfr. Coomaraswamy, Ananda K.: "On the Indian and Traditional Psychology, or Rather Pneumatology". Selected Papers. Ed. Roger Lipsey. Princeton: Princeton University Press, 2 (1987) 333-378. Para un sucinto y elemental marco de las ciencias hierológicas en el presente siglo, cfr. Asti Vera, Armando: "Ciencia e historia de las religiones", Megafón (Bs. As.) III 5 (1977) 61-74. Para el establecimiento de una nueva categoría espiritual, con base en antropologías no modernas, cfr. Zolla, Elémire: "Lo sciamano e il metafisico", Uscite dal mondo. 3º ed., Milano: Adelphi, 1992, pp. 87-91. A su vez, para ilustración de lo sostenido en estos estudios, conviene tener en cuenta los siguientes títulos. Desde el apólogo, Daisetz T. Suzuki: Zen and Japanese Culture. New York: MJF Books, diferentes ediciones desde 1959, especialmente el apéndice titulado "Chuang-Tzu". Desde un diálogo artístico, Rosario Assunto: La bellezza come assoluto, L'assoluto come bellezza. Tre conversazioni a due o piú voci. Palermo: Edizioni Novecento, 1993. Desde un insólito diálogo histórico, Murena, H. A.; Vogelmann, D.J.: El secreto claro, Bs. As., Fraterna, 1978.
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Cfr. The Asian Journal of Thomas Merton. Second Printing. New York: New Directions, 1975. Sobre el mismo asunto, una visión más reciente y tratada con minuciosidad, puede hallarse en la obra de Raimundo Panikkar: Blessed Simplicity. The Monk as Universal Archetype. New York: Seabury Press, 1982.
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La carta le fue enviada al Dr. Julio Imondi, sobrino de Fatone, durante el segundo viaje de éste a la India (1956). Es difícil saber cuál fue el tema de la conferencia en cuestión; lo importante para el caso es que a Fatone se le avisó a las 11.45 hrs. que se esperaba que hablara quince minutos después; es decir al mediodía. Ante lo sorpresivo del caso, Fatone pidió cinco minutos para prepararse e improvisó durante cuarenta minutos en inglés. El dato no resulta tan sorprendente cuando se sabe que Fatone tenía fama de dictar conferencias "listas para imprimir", como se decía entre sus conocidos.
