Debe introducir al menos 3 caracteres en el buscador.
Inicio / Wikis / Monografías / Vinculaciones románticas de la lectura unamuniana del Quijote - Creación de la Propia Identidad

Vinculaciones románticas de la lectura unamuniana del Quijote - Creación de la Propia Identidad

 ----- 
CopyLeft Monografía de Llanos Navarro García - 28 de Agosto de 2006
Temas Relacionados: Historia de la literatura
6. Creación de la Propia Identidad

Nuestro Señor don Quijote se ensimismó tanto en sus lecturas de los libros de caballerías que acabó "asimismándose", o sea, atribuyéndose a sí mismo las proezas que allí leía. Y por este camino llegó a enajenarse, a entregarse a los demás, y buscándose a sí propio darse por entero a los demás (42).

Con estas palabras justifica Unamuno su propio erostratismo. Don Miguel ha defendido en múltiples ocasiones que el móvil que llevó al hidalgo manchego a asumir la identidad de don Quijote no fue otro que la búsqueda de la gloria, motivación que eludirá reconocer nuestro autor frecuentemente para sí mismo.

Sea porque, tal y como sostiene Sánchez Barbudo, Unamuno nunca poseyó una fe firme en un Dios que garantizase la inmortalidad del yo, o sea porque el autor se sentía realmente en la obligación de transmitir a los demás la inquietud que habría de hacer de ellos auténticos hombres, liberándolos de una fe de carbonero alienante y de una actitud ante la vida simplista, responsable en gran medida de la decadencia del país, lo cierto es que don Miguel manifestó siempre un poco frecuente, por su intensidad, interés por mantener e incrementar su reconocimiento público. De ahí que, cuando en 1899, se decida a hacer pública su "conversión", lo que más tema sea precisamente la crítica a la que habrá de ser sometido por quienes ven en él un regeneracionista, miembro del PSOE, con todas las connotaciones anticlericales y la desvinculación de la ortodoxia católica que ello comportaba.

Será en este momento cuando Unamuno comenzará de nuevo a elaborar su propia imagen. Intentará que la sociedad española acepte su nueva actitud vital, nacida de la honda crisis de la que tanto hablan Zubizarreta y Sánchez Barbudo. Unamuno, como don Quijote, se ha impuesto una misión considerada por él trascendental en beneficio de sus semejantes. Deberá despertar a los españoles de la modorra espiritual en la que se encuentran sumidos, instándoles a una existencia más conflictiva y más rica en planteamientos de carácter trascendental. Para el Unamuno de estos años, "paz" será sinónimo de muerte espiritual, de ahí que tome la pluma como don Quijote tomara su lanza y con ella se disponga a arremeter contra la mediocridad ambiente que tanto le irritará.

El rector salmantino ha encontrado en su personal concepción del agonismo cristiano una, al menos temporal, solución a sus íntimas inquietudes religiosas. A partir de ahí manifestará sentirse en el deber de hacer partícipes a sus semejantes de tal actitud, para lo cual emprenderá una intensa labor como crítico y como poeta destinada a la expresión de dicho agonismo, cuyos máximos logros son la Vida de don Quijote y Sancho y Del sentimiento Trágico de la Vida. Para la publicación de estas obras, don Miguel no sólo habrá recuperado su anterior reconocimiento público, sino que éste se habrá incrementado notablemente, llegando a desempeñar en cierto sentido una función significativa en la vida social y política del país.

Pasan los años y Unamuno se da cuenta de que su público se ha acostumbrado a su lucha. El escritor percibe que los demás esperan de él una actitud determinada ante la vida y una literatura vinculada a ciertos preceptos que él mismo ha establecido. Para la sociedad española, no sólo para sus lectores, Unamuno se ha convertido en un personaje inclasificable que, pese a despertar o no la adhesión del individuo, constituye para él un modo de concebir la existencia diferente, ajeno a la moral oficial e inencasillable dentro de las nuevas tendencias literarias e intelectuales que van surgiendo. Esta diferenciación, pretendida siempre por el escritor, acaba finalmente por encarcelarle en el estrecho espacio que constituye su imagen pública.

Realmente, la búsqueda de permanencia en la memoria colectiva de la sociedad para la que escribía supuso para don Miguel, en determinados momentos, un camino más de aparición en su vida y en su obra de nuevas crisis existencialistas. Su anhelo de fama consistía en la concepción de la misma como una segunda vía de inmortalización, de acuerdo con Jorge Manrique, de eternización en la mente de los hombres. De ahí que su erostratismo no pueda ser achacado simplemente a una frivolidad del autor, producto de su inexcusable egolatría. Nuestro escritor había decidido conquistar esta segunda posibilidad de permanencia, esto es, conquistar, como don Quijote, la gloria. Sin embargo, su anhelo de inmortalidad no quedaba plenamente saciado por este medio; Unamuno necesitaba la convicción de una perduración, si no física, sí que garantizase la conservación de la propia identidad, del yo, y de su consciencia. De ahí que eventualmente haya de enfrentarse a la terrible duda que le cuestiona el sentido de cuanto está haciendo.

La problemática de la identidad en Unamuno, que se planteará con toda su crudeza hacia la última década de su vida, irá apareciendo sutilmente desde los primeros años del siglo. Así, en agosto de 1904, cuando el rector redacta su artículo "¡Plenitud de plenitudes!" ya está ofreciendo a su público una de las que serán las claves de sus más íntimas preocupaciones. Este breve ensayo, inspirado en el capítulo primero del libro del Eclesiastés, plantea precisamente el sentido de la búsqueda de pervivencia en el tiempo. Así habla, según Unamuno, el Espíritu de Disolución: "¿Para qué desasosegarse en buscar un nombre y un prestigio, si no has de vivir sino cuatro días sobre la tierra, y la tierra misma no ha de vivir sino cuatro días del curso Universal? Día vendrá en que yacerán en igual olvido el nombre de Shakespeare y el del más oscuro aldeano. Ese afán de renombre y ese afán de prepotencia, ¿a qué dicha sustancial conducen?(43)

Unamuno, como don Quijote, se pregunta cuál es el sentido de su trabajo. El autor perderá la fe en la misión que se propuso, cuestionándose la validez de la misma. Sin embargo, no se siente libre para romper con el público y continúa, como nuestro célebre hidalgo, luchando por alcanzar la gloria, aún sabiendo que la consecución de la misma no le proporcionará una dicha sustancial. La duda, la terrible duda que atormentó al heroico hidalgo manchego arremete también contra don Miguel, contra el don Miguel que Unamuno se ha propuesto llegar a ser (44). Si buscando mi plenitud camino a la prepotencia o a la conquista del renombre, y viene entonces un prójimo con el estribillo de vanidad de vanidades y todo vanidad, me hago cuenta que oigo el mugir de una onda en el Océano (...) Ese prójimo no se toca al alma con el alma misma, no tiene plena posesión de sí mismo, carece de la intuición de su propia sustancialidad (45). El Espíritu de Disolución, la duda, viene a negar la sustancialidad del individuo, el cual, si la siente en sí, si tiene conciencia de ella, habrá de buscar necesariamente su permanencia en los otros más allá de su propia muerte. Unamuno, aquí, está luchando por mantener esa afirmación de sí mismo que le permita conservar la fe en su sustancialidad, la cual, a su vez, justifica para él todo anhelo de gloria, entendida como reconocimiento público de los demás.

Queda así vinculado en Unamuno el la idea de supervivencia en la mente de los hombres con el deseo de inmortalidad de la propia sustancialidad, en su sentido metafísico: Todo el que de veras cree en su propia existencia anhela sellar con ella las existencias de los demás (46), entendiéndose que ambas convicciones dependen absolutamente de la voluntad unamuniana de su existencia, así, cuando alguien le pregunta al autor en qué se funda la creencia en la propia persistencia inacabable, éste responderá: "En que lo quiero, en que quiero persistir". Y comenta: Como buscaba razones, se me quedó mirando extrañado (47). No existen razones, pues, sobre las que fundamentar tales creencias, es éste un dominio incuestionable de la voluntad, de una voluntad que ha de transformar al ser caduco en eterno, pero que, para lograr tal empresa ha de permanecer fiel a sí misma, ahogando las dudas, sobreviviendo a los ataques del Espíritu de Disolución.

He aquí uno de los sentidos en el que Unamuno se erige en don Quijote de la fe, de una fe que ha de validar una identidad creada por y para el autor, una identidad que incluya la condición de la inmortalidad del ser. Una fe capaz de negar las terribles palabras del Predicador: "Ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre, pues en los días venideros todo será olvidado, y morirá el sabio como el necio. Aborrecí por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me hastía, por cuanto todo es vanidad y aflicción del espíritu". (Eclesiastés, I, 16 y 17 (48)). ¡Cállate, Predicador hastiado y hastioso, hijo de David, rey de Jerusalén!, ¡cállate! Habrá memoria del sabio y del necio, porque nada pasa sin dejar rastro de sí, sino que todo reposa, en una o en otra forma, en las entrañas del universo... (49)

Autor y licencia de 'Vinculaciones románticas de la lectura unamuniana del Quijote - Creación de la Propia Identidad'
Llanos Navarro García Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/llanosna.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.

Wikis relacionados con 'Vinculaciones románticas de la lectura unamuniana del Quijote - Creación de la Propia Identidad'

Pedro Pablo Paredes, con su obra Leyendas del Quijote, salida de los Talleres Gráficos de... Más »
Este ensayo parte del supuesto de que Cervantes expresa en el Quijote sus ideas sobre... Más »
Detrás de cada uno de los personajes del Quijote, hay una palpable realidad que se... Más »
Cuando un escritor diseña su propia escritura, está formando a su lector futuro. Cuando un... Más »
La lectura del mundo se hace a partes iguales, desde la palabra que enuncia los... Más »
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?