Llevamos ya un cierto tiempo intrigados, llenos de dudas y cautelas ante la presencia creciente de este sintagma nominal, violencia de género, preguntándonos si es correcto o simplemente adecuado su uso, o bien si se trata, una vez más, de un caso también de violencia o agresión, por ignorancia o descuido, contra nuestra propia lengua.
Para muchos resulta bastante cierto que, como viene sucediendo con cierta frecuencia, el español se somete aquí a la omnipresente influencia del inglés contemporáneo; pero conviene no olvidar que, a su vez, la lengua inglesa se nutre constantemente, y a lo largo de su propia historia, durante siglos, de términos de origen latino que han entrado directamente o bien a través del francés y otras lenguas romances: en este caso, gender entró en el inglés a través del antiguo francés gendre (genre en francés moderno), que procede del neutro latino genus, generis, derivado de gignere 'engendrar' según Corominas, o del gr. génos; el inglés violence es igualmente procedente del latín violentia; y el inglés sex procede del latín sexus, -us, palabra de género masculino.