En la lengua española, los diccionarios parecen no haber recogido todavía la identificación entre los términos género y sexo, identificación que permitiría sin estas dudas que nos acometen aún el uso de 'violencia de género' con el sentido de 'violencia de varones contra mujeres', o también de 'violencia de mujeres contra varones'. Ni el último de los diccionarios académicos (Ac92), ni el de María Moliner en su segunda edición (DUE98), ni el indispensable Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos (DEA99) han recogido tal tendencia, que no encuentro tampoco en otros diccionarios recientes, y acaso por ello el rechazo de este uso del citado sintagma, violencia de género, es frecuente y, para aquellos que lo practican, justificado; aun cuando todos sabemos muy bien que los diccionarios van detrás de los usos, y no al revés.
Veamos ejemplos recientes de tal repulsa, y en primer lugar a través de dos voces autorizadas: las de Fernando Lázaro Carreter y Álex Grijelmo.
1º La primera de estas autoridades, Fernando Lázaro Carreter, autoridad académica del máximo prestigio en estas cuestiones, en El dardo en la palabra, bajo el título Vísperas navideñas, en El País, el domingo 3 de diciembre del 2000 (OPINIÓN / 15), afirma lo siguiente:
A fines de noviembre, varias jornadas fueron justamente consagradas en Valencia al problema de las mujeres agredidas, tan frecuente y bochornoso. [...].
Pero el idioma sufre también agresiones casi cruentas, sin demasiadas protestas del pueblo agredido en su idioma. Esa misma reunión valenciana suscitó un editorial en otro periódico no menos importante, que atacaba desde el título. Rezaba así: "Violencia de género", y rompía a razonar de este modo: "Mujeres procedentes de cien países (...) han vuelto a dar la voz de alarma sobre la violencia de género...". Decía más adelante: "La violencia de género afecta a todos los países, a todas las clases sociales y a todas las razas". La tal violencia es la ejercida contra las mujeres con vejaciones, palizas, mutilaciones y asesinatos. También he procurado enterarme sobre qué hace ahí ese género, y de las averiguaciones resultan probados los siguientes hechos: a), en inglés, el vocablo gender significa, a la vez, 'género' y 'sexo'; sabemos todos que, en las lenguas románicas, estos términos tienen significados muy distintos, gramatical el uno, y biológico el otro [...]; b) en el Congreso sobre la Mujer celebrado en Pekín en 1995, los traductores de la ONU dieron a gender el significado de 'sexo'; así incluían también a los transexuales, que, siendo hombres de cuerpo, se sienten mujeres, o a la inversa: también se ceba la violencia contra sus personas.
La solución, inmediatamente aceptada por algunos siervos de la lengua inglesa, satisfará, tal vez, a quienes tienen que vivir en tal contrariedad, y sería aceptable si no hiriera el sentimiento lingüístico castellano (y catalán, portugués, italiano, francés, etcétera), donde se diferencian muy bien cosas tan distintas como son el género y el sexo. Por otra parte, ¿no será violencia de sexo también la que se encarniza con tales personas por su incoherencia sexual? Hablar de violencia de género parece demasiada sumisión a los dictados de la ONU, autora de tantos desmanes lingüísticos.
2º La otra voz de autoridad a la que hemos recurrido es la del periodista Álex Grijelmo, que en su último libro, La seducción de las palabras (Taurus, Madrid, 2000) dedica el documentado capítulo VIII, LA DESAPARICIÓN DE LA MUJER, a analizar algunos aspectos perversos y vicios sexistas en el español actual. Grijelmo opina también en contra del uso de este sintagma, en las pp. 252-253 del citado libro:
Muchas feministas han llevado su justa lucha al terreno del lenguaje, pero despreciando la historia de las palabras y las estructuras de la lengua común. Podemos ver un ejemplo claro de este desdén lingüístico en su empeño por emplear la expresión "violencia de género"3. Sólo el complejo de inferioridad de los hispanohablantes frente a los términos que llegan desde el inglés puede explicar que las feministas españolas prefieran la expresión "violencia de género" (pésima traducción del inglés: meliflua y blandurria además) a fórmulas más descriptivas y contundentes en español, y menos candorosas, como "violencia machista" o "violencia sexista", o "violencia de los hombres". El complejo de inferioridad y tal vez cierta incompetencia en su propio idioma.
Además, en la extensa nota 3, en esas mismas páginas, 252-253, defiende Álex Grijelmo la opinión de que
el concepto de género es gramatical. Escribir "violencia de género" equivaldría a decir "violencia de subjuntivo". Una mesa es del género femenino, pero carece de sexo. La banca tiene género femenino, pero en ella mandan los hombres. Con arreglo a la proclama literal sobre la "violencia de género", las torturas que cometiese la policía de un país serían violencia de género femenino (las torturas, la policía). Convendría a quienes defienden la expresión "violencia de género" leer a los expertos que han apoyado las tesis feministas sin desconocer por ello las leyes democráticas de la gramática ni la historia de la lengua.
Repite en esta nota Grijelmo casi exactamente los mismos argumentos que proporcionó al defensor del lector de El País, Camilo Valdecantos, y que se publicaron en dicho diario el domingo 7 de marzo de 1999 (p. 16 / OPINIÓN), en el trabajo titulado Sexo, sólo sexo, y al que aludiremos más adelante, en el punto 3.
3º En la SER (el 26 de diciembre del 2000, a las 13.08) evitaron violencia de género, al dar la noticia de que un militar jubilado de 70 años había matado el día anterior a su ex mujer de dos disparos, y después se había suicidado, definiendo tal hecho como violencia doméstica y violencia conyugal. La misma noticia, en el ABC, utiliza la expresión violencia doméstica, y omite curiosamente el dato de que el supuesto asesino era militar, omisión nada inocente. En El País, la noticia ocupa una notable extensión, pero se evitan el sintagma violencia de género y sus posibles alternativas; tan solo al final, en un párrafo que recuerda las terribles cifras (17 mujeres muertas en la región durante el año a manos de sus parejas; según los grupos feministas, más de 60 en toda España) se dice textualmente: «víctimas de la violencia doméstica».
4º El 8 de marzo del 2001 los diarios ABC, El Mundo y El País, para referirse al II Plan de Violencia Doméstica –mejor sería denominarlo II Plan contra la Violencia Doméstica– que ha presentado el gobierno, han evitado la expresión violencia de género, sustituyéndola por violencia doméstica y violencia conyugal.
5º En el diario El Mundo, el domingo 15 de abril del 2001 (CRÓNICA 8), en una entrevista de María Eugenia Yagüe a la presidenta de Amnistía Internacional, Eva Díaz-Llanos, evitando el empleo de la expresión violencia de género, se decía lo siguiente:
Y la violencia doméstica a veces es tan grave que puede equipararse a la tortura.
6º En El País, el martes 20 de marzo del 2001, bajo el titular «20.000 alumnos regalan a sus padres un manifiesto contra el maltrato conyugal», se decía:
Los progenitores de 20.000 alumnos de colegios e institutos de Fuenlabrada [...] recibieron ayer [...] la copia de un manifiesto contra el maltrato a las mujeres. Los chavales ejercieron de emisarios de la "primera y única" plataforma constituida por hombres para condenar la violencia contra las féminas: la Plataforma de Hombres contra los Malos Tratos, integrada por una treintena de políticos, deportistas, empresarios y gente anónima de la localidad, que quieren mostrar así su repulsa al terrorismo doméstico.
7º Igualmente se ha evitado cuidadosamente la presencia de este sintagma en las noticias sobre un delicado asunto que atañe a la Iglesia católica. En marzo del presente año 2001 ha aparecido en los medios un especialísimo caso de violencia de género; exactamente el miércoles 21 de marzo, en El Mundo (SOCIEDAD 33), Rubén Amón, desde Roma, recoge la noticia de un escandaloso informe que describe "el modo en que algunas religiosas padecen acosos, abusos deshonestos e, incluso, violaciones". El mismo día, en El País (SOCIEDAD / 28), Lola Galán, igualmente desde Roma, se refiere extensamente a la misma noticia sobre "cientos de violaciones de sacerdotes a monjas"; nos dice que "el informe, recogido ayer por el diario italiano La Repubblica, recoge denuncias de abusos en 23 países", y que este informe se basa en otro que se remonta al 18 de febrero de 1995. Y puntualiza: "los datos figuran en varios informes de la religiosa Maura O'Donohue y en otro de Marie McDonald, publicados por la revista norteamericana National Catholic Reporter." A pesar de la notable extensión concedida por ambos diarios a este asunto, en ningún momento utilizan la expresión violencia de género, que evitan ambos, utilizando en cambio: abusos sexuales, acosos, violaciones, estupros colectivos, relaciones sexuales, favores sexuales. También se evita el citado sintagma el viernes 20 de abril de 2001, cuando en El País (SOCIEDAD / 34) se recoge desde Madrid la noticia de que "la oposición pide que los curas violadores de monjas sean juzgados":
Todos los grupos parlamentarios, menos PP y CiU, suscribieron ayer una declaración que pide que los curas violadores de monjas en 23 países sean detenidos y juzgados. [...] condenan la violencia sexual contra religiosas católicas y manifiestan su solidaridad con las víctimas. [...] La declaración se basa en los informes presentados al Vaticano por las hermanas Maura O'Donohue y Marie McDonald, que denuncian "todo tipo de abusos y acoso sexual, casos extremos de abortos impuestos, exigencias cotidianas a las novicias para proveerles de documentos, sumisión de feligresas y sus familias a los caprichos del párroco, y excesiva indulgencia de los obispos con los sacerdotes que han cometido agresiones contra monjas y novicias".
Tampoco el teólogo E. Miret Magdalena, en El País (26 marzo 2001), utiliza la expresión violencia de género en un documentado trabajo, que titula La azarosa historia del celibato sacerdotal, que comienza y termina con las siguientes palabras:
Lo que acaba de desvelarse: que una parte del clero no cumple ni respeta el celibato, y que incluso se lanzan a violar a monjas y novicias, no es sino consecuencia de esa férrea ley que impide al clero latino casarse. [...] ¿No es entonces natural y humano que la Iglesia de Roma suprima la hipocresía del celibato, que tantos males sexuales trae como consecuencia, y Roma haga caso de las sensatas peticiones, en ese sentido, de algunos obispos y moralistas y de muchos seglares católicos?
8º En El País, el lunes 28 de mayo del 2001, en CARTAS AL DIRECTOR, se utiliza también el titulillo Violencia doméstica, evitando violencia de género, en una carta firmada por Ana María Bibiloni, de Palma de Mallorca, quien afirma:
El hombre español está muy bien situado en el ranking mundial de violencia. [...] Salimos a la calle en contra del terrorismo, pero ya son más este año las mujeres muertas a manos de sus propios compañeros. Y nadie hace nada para evitarlo.
Cuando la autora de los malos tratos es la mujer, y la víctima el varón, igualmente se evita el uso del sintagma violencia de género. He seleccionado tres ejemplos recientes:
1º En El País, el viernes 20 de abril del 2001 (SOCIEDAD / 38):
Los Mossos d'Esquadra han detenido al novio de una hija de una mujer acusada de parricidio como presunto cómplice del crimen cometido el 27 de febrero en la localidad leridana de Almenar. Magdalena Martín Pardo, de 35 años, confesó al día siguiente a los hechos que mató a golpes a su compañero sentimental [...], harta de soportar los malos tratos que le infligía aquél.
2º En El País, el domingo 22 de abril del 2001:
La violencia doméstica contra varones también ha llegado al servicio especializado de la Policía Municipal. [...] Casos de mujeres que peguen a sus compañeros o maridos son, según Matilde González, sargento responsable del Servicio de Atención a Víctimas de la Violencia Doméstica, "muy raros".
3º En El País, el martes 1 de mayo del 2001:
Eva María Torres Muños, de 25 años, fue detenida ayer como presunta autora de la muerte de su compañero sentimental, el ciudadano finlandés, Teuto Kalervo Stranden, de 65 años.
Todos estos ejemplos que hemos seleccionado entre muchos más, en los que se ha evitado el uso del sintagma violencia de género, se podrían acaso justificar por la ausencia de la identificación entre género y sexo en el español actual que detectamos en los diccionarios que cité antes (Ac92, DUE98 y DEA99), identificación que sí se ha producido, ya, en el inglés contemporáneo de manera generalizada; lo que en modo alguno podemos admitir es la afirmación de que 'género' posee un valor semántico únicamente gramatical. De ningún modo: no hay por qué ignorar, desconocer u ocultar los otros sentidos que no son gramaticales; están en el uso y en los diccionarios, todos los conocemos y todos los usamos. En primer lugar, en la vigésima primera edición del diccionario académico (Ac92), última por ahora:
género. m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.
2. Modo o manera de hacer una cosa.
3. clase o tipo a que pertenecen personas o cosas.
4. En el comercio, cualquier mercancía.
5. Cualquier clase de tela.
6. En las artes, cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras, según rasgos comunes de forma y de contenido.
7. Gram. Clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente solo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre. En las lenguas indoeuropeas estas formas son tres en determinados adjetivos y pronombres: masculina, femenina y neutra.
8. Gram. Cada una de estas formas.
9. Gram. Forma por la que se distinguen algunas veces los nombres sustantivos según pertenezcan a una u otra de las tres clases.
10. Biol. Conjunto de especies que tienen cierto número de caracteres comunes.
A continuación, tras las 10 acepciones reseñadas, el diccionario académico define, en orden alfabético, los siguientes sintagmas: género chico, género femenino, género literario, género masculino, género neutro, [obras] de género. Está claro que tan solo tres (género femenino, género masculino y género neutro) de estos seis sintagmas presentan referencia gramatical. Echamos en falta en esta entrada, género, la expresión el género humano, cuando precisamente este mismo diccionario define la acepción 2 de humanidad como 'género humano'. Un olvido, sin duda. Humanum genus fue ya de uso normal en el latín, en el sentido 'la especie humana, el género humano'.
Resulta evidente que de las 10 acepciones que ofrece la Academia, tan solo tres (7, 8 y 9) corresponden a la categoría gramatical; y que las acepciones 1, 3 y 10 se refieren a personas, tanto varones como mujeres. Esta entrada ocupa en total algo más de 41 líneas; de ellas, tan solo 19 líneas, menos de la mitad, se ocupan de la categoría gramatical.
En la segunda edición del diccionario de María Moliner (DUE98), la entrada género ocupa 51 líneas, de las cuales solo 14 se refieren a lo gramatical; de las cinco acepciones definidas, tan solo la última, quinta, se dedica a GÉNERO gramatical.
En el DEA99, de las ocho acepciones incluidas, tan solo una, la 6, es de carácter gramatical.
Si los diccionarios y quienes los utilizamos admitimos sin la menor duda que género humano es la humanidad (DUE98 y DEA99; incluso Ac92, pero s. v. humanidad), ¿por qué extraña razón no podemos admitir que la parte del género humano, de la humanidad que son los varones ejerce la violencia de género sobre la otra parte que son las mujeres; a veces a la inversa, también las mujeres sobre los varones?, ¿por qué tanta resistencia a admitir semejante expresión? ¿Por qué toleramos la expresión género humano, que se refiere a todos, hombres y mujeres, y nos rebelamos contra la fórmula violencia de género para expresar la que ejercen hombres contra mujeres, o bien mujeres contra hombres? ¿Por qué se toleran unánimemente las expresiones en inglés y se rechazan en español, cuando todas ellas son de origen latino?
Si los diccionarios admiten que género es 'conjunto [de personas o cosas] establecido por sus caracteres comunes' (DEA99) y en biología 'conjunto de especies que tienen cierto número de caracteres comunes' (DEA99), ¿de dónde viene tanta oposición a este uso de la expresión violencia de género?