



Quizá se pregunten qué les quiero, modesta pero concretamente, decir, al defender la exoterización del coaching mediante workshops mayéuticos, y, sobre todo, al postular el desarrollo del “alma” de los directivos y la mejora de su calidad de vida. Pues efectivamente hay varias cosas cuya observación me inquieta, y que quería someter finalmente a la consideración del lector:
El competency movement puede estar olvidándose de profundizar en las competencias que no encajan del todo en el capítulo de conocimientos o habilidades: por ejemplo, creencias, actitudes, sentimientos, fortalezas, etc.
Quizá los tradicionales seminarios (presentaciones eficaces, participación en reuniones, negociar con éxito, etc.) resultan insuficientes, y la eficacia del aprendizaje demanda una cierta reingeniería de los modelos de formación en las empresas.
El autoconocimiento y el dominio de nosotros mismos es extraordinariamente importante, e inexcusable para los directivos; por otra parte, el autoengaño constituye un alto riesgo para la organización.
Los directivos deberían tal vez resolver sus opciones (entre la integridad y la corrupción, entre el éxito y la felicidad, entre ser especialista y generalista, entre el riesgo y la seguridad, entre el liderazgo y la gestión, etc.) lo antes y mejor posible.
Siempre tenemos cosas que aprender y, en la empresa, quizá nuestro pecado más grave es la presunción de infalibilidad (al parecer, proporcional al poder que se maneja); pero tenemos tantos pecados que resulta difícil ordenarlos por gravedad.
El coaching, cuando disponemos de un buen conocedor de la técnica, es un método penetrante, eficacísimo para el tipo de fortalezas y competencias soft a que nos referíamos; apuntamos al coaching grupal para llegar a más beneficiados y sin descartar el coaching individual.
El e-learning es mucho más potente de lo que se ve, pero parecen haberse impuesto intereses entrópicos en este mercado: diríase que todos los agentes parecen mostrarse satisfechos... excepto los usuarios. La mayoría de los usuarios se muestra insatisfecha con el e-learning.
Tenemos recursos humanos que pueden ser mejor explotados: la intuición, la creatividad, la serendipidad, la autotelia, la observación, el purpose, la integridad, la empatía, el pensamiento reflexivo, las emociones, la energía psíquica, la gestión de la atención y la conciencia...
Hay claves de éxito colectivo que no están siendo suficientemente explotadas: el pensamiento ganar-ganar, la proactividad, el flujo del saber, las fortalezas universalmente reconocidas, el capital emocional, el espíritu de comunidad...
Como la interior, la realidad exterior es escurridiza y se nos escapa; tendríamos que esforzarnos más en abrir nuestros horizontes para percibir lo que no percibimos, porque casi todos tenemos modelos mentales desfasados.
¿Están ustedes contribuyendo a la felicidad de su entorno? Yo creo que es un imperativo moral, pero quizá ustedes no lo vean así. ¿Cómo lo ven? ¿Suma o resta Ud. felicidad a su entorno de influencia?
Programen workshops más penetrantes y eficaces, porque la formación/desarrollo de futuros directivos no ha venido dando suficientes frutos en décadas anteriores. Apuesten por el Competency Movement, pero también por el Positive Psychology Movement. Apuesten por la Mayéutica. Apuesten por la satisfacción propia, en sinergia con la de los demás. Apuesten por el capital emocional. En realidad, lo de la activación emocional era exactamente lo que predicaban en Madrid los gurús del management el pasado mes de mayo (2004) cuando les escuché. Bueno, gestionen Uds. sus propias apuestas, pero tomemos todos conciencia de cómo están las cosas y cómo deberían estar en las organizaciones.
|