Hemos tenido que recuperar la técnica mayéutica de los grandes maestros (griegos, chinos...) de la Antigüedad. El denominado coaching, por su alcance interior, parece un método de elevado potencial en el desarrollo de directivos de distintos niveles, aunque quizá no todos los junior tienen acceso a esta experiencia. El aprendizaje y desarrollo permanente, como sabemos, constituye un sólido mantra para todos, y, en lo que se refiere a soft competencies, el coaching se nos muestra, en efecto, como una idónea solución —alternativa o complementaria— para algunas de las necesidades del directivo en nuestro escenario neosecular. ¿Cómo exoterizar la técnica mayéutica, que todavía parecía considerarse algo esotérica? Proponemos avanzar en el enriquecimiento de determinados workshops para directivos, mediante la incorporación de penetrantes conversaciones propias del coaching: sería un primer contacto con la técnica.
En estos párrafos abordamos las posibilidades que ofrece una variante de coaching grupal que nos parece interesante para futuros o recientes directivos: el workshop mayéutico. Quizá habría que reinventar la formación de los jóvenes directivos, y, para quienes no tienen acceso a másteres, habría que ofrecer algo más que los conocidos seminarios de presentaciones eficaces, participación en reuniones, trabajo en equipo, liderazgo, negociación, etc. Como consultor, me adhiero a quienes avanzan en la reingeniería del aprendizaje permanente en las empresas, y apuntan al blended learning. Pero en el panorama del postuladísimo blended, yo incorporaría la técnica mayéutica (y pondría, por cierto, bajo observación el e-learning).
Como ocurre precisamente (no se interpretará esto como una analogía de métodos) con el aprendizaje on line, parece que se suele hablar de coaching en abstracto; es decir se habla de él como método —o como negocio, o como sector—, y no tanto de los objetivos a conseguir por el coachee o los coachees. Desde fuera, se sabe que se trata, en buena medida, del diálogo penetrante y alentador, que, entre otros fines, cabe considerarse altamente eficaz en el desarrollo o cultivo de creencias, actitudes, fortalezas, habilidades sociales y conductas. Y claro, si el diálogo apuntara también a la mente inconsciente, podríamos conseguir objetivos de todavía mayor trascendencia; pero no apunto aquí tan lejos, y sólo someto a consideración el enriquecimiento de los tradicionales seminarios para directivos, incorporando, cuando proceda (en consonancia con los objetivos perseguidos), la técnica, la maestría, la experiencia de los coaches mayéuticos.