1 - El narrador que hace la historia a través de la ficción

Monografía creado por Javier Meneses Linares. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero10/zarate.html
24 de Agosto de 2006

Lo difícil es encontrar el punto de partida; ello supone tomar la palabra, parcializarse de cierto modo, en definitiva, elegir. Esta primera muestra de honestidad parece fascinante y es algo a lo cual el escritor y el investigador no pueden ni deben renunciar en la difícil tarea de la investigación.

A partir de los últimos años, los historiadores y los antropólogos han empezado a tener mayor conciencia de la manera como sus etnografías e historias han sido moldeadas a traves de los años por los artificios retóricos y literarios.

De igual manera entre los críticos literarios ha crecido el interés por emplear la teoría antropólogica y los hechos históricos para formular nuevas interpretaciones de los textos que como ZARATE habían sido considerados tradicionalmente como simples relatos históricos-románticos. Todo esto nos ha conducido a una etapa extraordinariamente interdisciplinaria: los críticos literarios leemos más historia y los historiadores están recurriendo cada vez más a la literatura y todos recurrimos a las herramientas y usos que este siglo agonizante nos suministra, las nuevas tecnologías forman y formarán parte de estos cambios.

En el marco de discusiones planteadas en el proyecto, una de las cosas que más poderosamente nos llamaron la atención fue la insatisfacción general producida por las limitaciones de las críticas existentes sobre el dominio Colonial, Post-colonial e Independentista y por otro lado el desconocimiento de un movimiento intelectual que sustento, remedó y acreditó el poderío en todos estos períodos.

A través del orden de los signos, cuya propiedad es organizarse estableciendo leyes, clasificaciones, distribuciones jerárquicas, la ciudad letrada articuló su relación con el Poder, al que sirvió mediante leyes, reglamentos, proclamas, cédulas, propaganda y mediante la ideologización destinada a sustentarlo y a justificarlo... Por encima de todo, inspiró la distancia respecto al común de la sociedad. ( Rama. 1985:3 ).

Hemos dedicado nuestros esfuerzos a repensar y revalorar la experiencia en campos tan diversos como la crítica y la historiografía; y el descontento con las críticas tradicionales y la desvastadora uniformidad que caracteriza a textos de ambos lados de la investigación. Nuestro discurso está dedicado a redireccionar las reflexiones críticas sobre la obra de Eduardo Blanco a través del análisis histórico contemporáneo, trataremos de hacer una crítica articulada con el lenguaje del discurso postcolonial y la vinculación de ésta con la producción novelística como modelo de un proceso histórico-literario que nos conduzca a nuevos caminos de interpretacón de nuestra realidad.

Dentro de la totalidad de la obra de Blanco, ZARATE es solo un fragmento de su discurso, y si vamos a considerarlo altamente significativo se debe precisamente a ese discurso inagural que existe en esa obra, que marca su puesto definitivo en la novelística Venezolana frente a una ilimitada serie de escrituras posibles. Blanco encontró en ZARATE su punto de partida, un relato para todos los enmascaramientos, una novela que permitirá leer lo invariable a través de las diferencias. Blanco descubre en esta novela los distintos trucos que le permiten armar un andamiaje narrativo dentro de una época donde se narra de guerras, caudillos, alzamientos, es decir, un tiempo marcado por tintes sangrientos; baraja posibilidades, teorizando en hacer novela sobre y con la historia. Su palabra se disfraza de verdad recogiendo en su narrativa la interpretación que él tiene de esa realidad que lo rodea, atrás quedará el escritor por imitación.

Eduardo Blanco era un letrado de origen ilustre que a la edad de veinte años era ya oficial del ejercito y edecán del General José Antonio Paéz entre 1860-1861, asociado por su vida y obra a los sectores de mentalidad conservadora, escribe ZÁRATE en 1882 ( después de haber publicado VENEZUELA HEROICA ) durante la administración de Guzman Blanco, es decir, en plena de avanzada del proyecto liberal amarillo, y cuando el país, después de casi un siglo de guerra y revoluciones, parecía estar viviendo la utopía de la Modernidad, al estilo de las más industrializadas y cultas naciones de la época.

En ZARATE se percibe un intento de interpretación de la realidad nacional:

Si radical, en lo político, fue la transformación de Venezuela al separarse de la madre patria, pocas alteraciones en lo privado de sus tradicionales costumbres sufrieron los pueblos americanos de origen español, a pesar de la guerra y de la emancipación de la metrópoli. Largos años después de ser independientes y llevar vida propia, conservaron nuestros padres, y con ellos la generación que les siguió inmediatamente, los usos y costumbres heredados de sus mayores... La revolución había abatido el vetusto edificio de la colonia y sepultado bajo sus escombros el pasado político de la capitanía general de Venezuela; ... pero, no obtante tan violentos como trascendentales cambiamientos, no había alcanzado a desarraigar, en lo privado, las preeminencias sustentadas por tres siglos de perdurable estabilidad, ni logrado penetrar en el santuario del hogar y abatir los ídolos, de oro... (BLANCO 1972 pág 130 ).

La intervención del autor en el desarrollo temático, en las acciones y pensamientos de los personajes es notoria, tanto que a veces lo percibimos como un personaje más. Ironiza, elucubra, y difiere en lo político por igual tanto con el bandolero como con el terrateniente.

La visión histórica y social del autor está dada por la exposición de dos clases sociales, la dominante: Don Carlos, su familia y amigos; la dominada: Santos Zárate, su banda y sus enemigos. Es a través de estas oposiciones que se desarrolla la trama de la novela.

Los personajes centrales, Don Carlos, el terrateniente y Zárate, el bandolero, merecerán por parte del autor un tratamiento especial, podría decirse que heróico. En medio de Don Carlos y Zárate aparecen otros personajes no menos importantes, tal es el caso de Sandalio Bustillón, quien representa el carácter de una clase degradada que quiere adquirir las posiciones sociales que le están vedadas, valiendose de cualquier cosa para lograr su objetivo: pertenecer a la clase dominante aristocrática.

En la novela no podía faltar la admiración que Blanco le profesa a José Antonio Paéz; en el capitulo con el significativo título "La audacia, deslumbrando el valor" se narra la entrevista entre Zárate y Páez : Páez no había cumplido aún los treinta y cinco años; estaba en plenitud de su física pujanza que tanto como su indomable bravura contribuyó a sobreponerlo en las llanuras del Apure a las hordas salvajes que acaudiló por largo tiempo, dominándolas con el esfuerzo material de sus músculos de acero y el ascendiente moral de las repetidas hazañas con que lustró su nombre..."

Eduardo Blanco denuncia sin embargo el ordenamiento jurídico de esa época, que él considera imposibilitado para hacer justicia; pone a través de la ficción al destino y a dios como los justicieros ante todo hombre que esté fuera de orden. Dentro de las disertaciones de carácter histórico y social donde condena el panorama general de la época en que vive oponiéndola a la de la independencia; propone en tono de prédica, el comportamiento que debe tener todo venezolano si pretende ser aceptado por la sociedad.

Esta novela será centro de confluencia de diversas corrientes literarias, que hacen de ella la novela nacional o de asuntos venezolanos más sólidamente lograda, y que, como dice el crítico literario venezolano Oswaldo Larrazabal, "será orientadora de posteriores narraciones de la expresión del pueblo de Venezuela y de sus circunstancias históricas".

Ella nace de la experiencia primera del escritor, conocedor de los desmanes cometidos por el bandido Cisneros (1824), y de su relación belicosa contra la autoridad del Comandante Militar de Venezuela. De esta forma la aparente ficción del bandolero no es más que el manto cubridor del tamiz realista.

Zárate es la novela que recoge los más diversos influjos vanguardistas: no solo por lo realista, sino también costumbrista y romántica.

La literatura venezolana en general, para encontrar su autonomía, no soló tuvo que luchar contra los modos y estilos occidentales, sino contra su estructura y visión heredada de la época emancipadora. Por ello el siglo XIX representa un proceso cuyo desarrollo nos conduce hacia una amplia comprensión del camino que debieron recorrer nuestras letras para encontrarse, pura y limpia, sin accesorios... "Esfuérzate por ser de tu época, no te quedes atrás, porque cuando pretendas alcanzarnos estarás viejo y no podrás correr... los tiranos de ayer eran eternos; los de hoy, sólo duran lo que tarda en despertar el pueblo; los de mañana... ¡ah! ésos no existirán... Nuestro siglo es un muchacho travieso, emprendedor, que corre a saltos, se ríe de todo, hace prodigios en ciencias, artes y política, se desgañita gritando libertad y tira piedras a sus maestros..." (Blanco. 1972: 15 ).

2 opiniones

Zárate

¿Cómo o por qué Zárate? Prácticamente eres el único que ha escrito algo. Es muy interesante, esta novela me parece una agradable sorpresa dentro de la narrativa venezolana. Sorpresa que llega más de 100 años después de ser escrita...
Corriente literaria.

Muy interesante este concepto demaciado importante ya que me dejo un poco de conocimiento
acerca del tema... Muchas gracias*.

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