2 - Para qué la literatura aquí y ahora

Tutorial creado por Alicia Brandou y Rosana Sosa. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/roldocen.html
09 de Octubre de 2006

Son pocas las veces en que el profesor de literatura dispone de tiempo real para, lejos del ajetreo cotidiano, plantearse la utilidad de su asignatura, la utilidad de su elección profesional. Pero son muchas las veces en que aún en forma inconsciente, experimenta nuevas técnicas, nuevos enfoques (originales a veces), en un intento desesperado de llegar a sus alumnos y así dotar de sentido a su curso.

No podemos plantearnos ¿para qué la literatura? sin rever algunas de las ideas planteadas por Guido Castillo en su artículo sobre “La utilidad de la literatura”. A continuación transcribimos algunas de sus ideas:

“...Hoy estamos tan convencidos de que podemos fabricarlo todo como de que podemos destruirlo todo: las ideas, la felicidad, el amor y el odio, el pasado y el porvenir, el recuerdo y la esperanza. Por eso los maestros y los educadores de la juventud, tienen la urgente y extraña responsabilidad de defender a los jóvenes contra ciertas formas de civilización y contra cierto tipo de conocimiento y de estilo vital que, en la práctica, se revelan como eficaces para mejorar la situación económica y social de quienes se adaptan a ellos. Siempre será más fácil sacar a la gente del analfabetismo que protegerla de algunos alfabetos útiles para la lucha por la vida, y mortales para la dignidad del hombre.

... La verdadera literatura, la auténtica poesía, nos enseña que el único modo de habitar en la tierra es habitar en el amor y que no se sabe estar en la verdad si no se sabe estar en el sueño. Lo que forma a un hombre no es sólo la conciencia de lo que tiene o puede tener, sino también el sentimiento de lo que no tiene y que no se puede asir. En la aparente distancia astral de la poesía está la suprema proximidad de todas las cosas. Ella parece sufrir la soledad de todo y en realidad nos dice que nunca podremos estar solos.

...Creo que era Víctor Hugo quien decía no saber hasta dónde el canto pertenece a la voz ni la voz al poeta. Nosotros profesores, debemos enseñarles a nuestros alumnos cómo se debe ver a un poeta para poder oírle la voz y cómo se debe oír la voz para escuchar el canto. Cuando estén encantados, puestos en el canto, verán su propio ser en carne y alma, oirán su corazón y en el fondo de su latido escucharán a todas las cosas, a la poesía misma, en su esencia más sublime...”

Nos parece muy válida su propuesta, pero frente a los cambios vertiginosos de nuestro tiempo no podemos desconocer que las materias de corte humanista tienden a desaparecer o tal vez a apagarse en los currículos existentes. En un sistema mecanicista, en un mundo cada vez más globalizado estas materias para muchos poco aportan. Necesitaríamos una revisión urgente de nuestros programas, tan extensos, y por tan extensos a veces tan superfluos; pero más que una revisión de programas es una búsqueda de nuevos objetivos, de objetivos más humanizados, más críticos frente a este milenio amenazante. Podemos muchos estar en esa búsqueda, pero mientras no aunemos fuerzas, mientras no abandonemos esa especie de individualismo elitista que nos aqueja y nos impide compartir solidariamente con nuestro colega más cercano, mientras no busquemos junto al mismo alumnado un nuevo paradigma, estamos cooperando a desmoronar nuestra materia: la literatura. Si nuestra materia desaparece de los currículos estaremos perdiendo nosotros una excelente herramienta humanizadora que sí le sirve al joven para superar la crisis de valores de este siglo, realizar una nueva lectura del mundo y contar con elementos para enfrentar los grandes “huecos vitales” que se han generado. Si no abordamos nuevos enfoques estamos formando un círculo cada día más selecto, más elitista, y estamos negando a la gran masa estudiantil, un espacio de reflexión sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, sobre nuestros fracasos, pero sobre todo, nuestra esperanza. Un serio análisis de los textos nos lleva a todas esas reflexiones.

No debemos justificar nuestros fracasos diarios en el desinterés característico del joven. Un docente que se llame a sí mismo progresista debe buscar las causas de ese desinterés, y la causa muchas veces somos nosotros, malos intermediarios que no sabemos “enamorar” al joven.

Tomando algún término de Roland Barthes diríamos que el acto de enseñar literatura no debe ser un acto frígido, pasivo, sino un acto comprometido, entre otras cosas, con el placer.

3 opiniones

opinion seria

te amo LAzarillooooooooooooooooooooooooooooooo ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh uhhhhhhuhauauuauauahahu
...

O.o
Injusticia social en el lazarillo de tormes.

Yo creo que en la novela del lazarillo de tormes hay una injusticia social hacia el podre de lázaro. Primero, porque hasta un ciego abusaba de él, segundo porque también abusó de él el clérigo... No hay ninguna justicia.

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