El hardware es frecuentemente el elemento más caro de todo sistema informático3.2. Por tanto, las medidas encaminadas a asegurar su integridad son una parte importante de la seguridad física de cualquier organización, especialmente en las dedicadas a I+D: universidades, centros de investigación, institutos tecnológicos...suelen poseer entre sus equipos máquinas muy caras, desde servidores con una gran potencia de cálculo hasta routers de última tecnología, pasando por modernos sistemas de transmisión de datos como la fibra óptica.
Son muchas las amenazas al hardware de una instalación informática; aquí se van a presentar algunas de ellas, sus posibles efectos y algunas soluciones, si no para evitar los problemas sí al menos para minimizar sus efectos.
Acceso físico
La posibilidad de acceder físicamente a una máquina Unix - en general, a cualquier sistema operativo - hace inútiles casi todas las medidas de seguridad que hayamos aplicado sobre ella: hemos de pensar que si un atacante puede llegar con total libertad hasta una estación puede por ejemplo abrir la CPU y llevarse un disco duro; sin necesidad de privilegios en el sistema, sin importar la robustez de nuestros cortafuegos, sin nisiquiera una clave de usuario, el atacante podrá seguramente modificar la información almacenada, destruirla o simplemente leerla. Incluso sin llegar al extremo de desmontar la máquina, que quizás resulte algo exagerado en entornos clásicos donde hay cierta vigilancia, como un laboratorio o una sala de informática, la persona que accede al equipo puede pararlo o arrancar una versión diferente del sistema operativo sin llamar mucho la atención. Si por ejemplo alguien accede a un laboratorio con máquinas Linux, seguramente le resultará fácil utilizar un disco de arranque, montar los discos duros de la máquina y extraer de ellos la información deseada; incluso es posible que utilice un ramdisk con ciertas utilidades que constituyan una amenaza para otros equipos, como nukes o sniffers.
Visto esto, parece claro que cierta seguridad física es necesaria para garantizar la seguridad global de la red y los sistemas conectados a ella; evidentemente el nivel de seguridad física depende completamente del entorno donde se ubiquen los puntos a proteger (no es necesario hablar sólo de equipos Unix, sino de cualquier elemento físico que se pueda utilizar para amenazar la seguridad, como una toma de red apartada en cualquier rincón de un edificio de nuestra organización). Mientras que parte de los equipos estarán bien protegidos, por ejemplo los servidores de un departamento o las máquinas de los despachos, otros muchos estarán en lugares de acceso semipúblico, como laboratorios de prácticas; es justamente sobre estos últimos sobre los que debemos extremar las precauciones, ya que lo más fácil y discreto para un atacante es acceder a uno de estos equipos y, en segundos, lanzar un ataque completo sobre la red.
Prevención
>Cómo prevenir un acceso físico no autorizado a un determinado punto? Hay soluciones para todos los gustos, y también de todos los precios: desde analizadores de retina hasta videocámaras, pasando por tarjetas inteligentes o control de las llaves que abren determinada puerta. Todos los modelos de autenticación de usuarios (capítulo 8) son aplicables, aparte de para controlar el acceso lógico a los sistemas, para controlar el acceso físico; de todos ellos, quizás los más adecuados a la seguridad física sean los biométricos y los basados en algo poseído; aunque como comentaremos más tarde suelen resultar algo caros para utilizarlos masivamente en entornos de seguridad media.
Pero no hay que irse a sistemas tan complejos para prevenir accesos físicos no autorizados; normas tan elementales como cerrar las puertas con llave al salir de un laboratorio o un despacho o bloquear las tomas de red que no se suelan utilizar y que estén situadas en lugares apartados son en ocasiones más que suficientes para prevenir ataques. También basta el sentido común para darse cuenta de que el cableado de red es un elemento importante para la seguridad, por lo que es recomendable apartarlo del acceso directo; por desgracia, en muchas organizaciones podemos ver excelentes ejemplos de lo que no hay que hacer en este sentido: cualquiera que pasee por entornos más o menos amplios (el campus de una universidad, por ejemplo) seguramente podrá ver - o pinchar, o cortar...- cables descolgados al alcance de todo el mundo, especialmente durante el verano, época que se suele aprovechar para hacer obras.
Todos hemos visto películas en las que se mostraba un estricto control de acceso a instalaciones militares mediante tarjetas inteligentes, analizadores de retina o verificadores de la geometría de la mano; aunque algunos de estos métodos aún suenen a ciencia ficción y sean demasiado caros para la mayor parte de entornos (recordemos que si el sistema de protección es más caro que lo que se quiere proteger tenemos un grave error en nuestros planes de seguridad), otros se pueden aplicar, y se aplican, en muchas organizaciones. Concretamente, el uso de lectores de tarjetas para poder acceder a ciertas dependencias es algo muy a la orden del día; la idea es sencilla: alguien pasa una tarjeta por el lector, que conecta con un sistema - por ejemplo un ordenador - en el que existe una base de datos con información de los usuarios y los recintos a los que se le permite el acceso. Si la tarjeta pertenece a un usuario capacitado para abrir la puerta, ésta se abre, y en caso contrario se registra el intento y se niega el acceso. Aunque este método quizás resulte algo caro para extenderlo a todos y cada uno de los puntos a proteger en una organización, no sería tan descabellado instalar pequeños lectores de códigos de barras conectados a una máquina Linux en las puertas de muchas áreas, especialmente en las que se maneja información más o menos sensible. Estos lectores podrían leer una tarjeta que todos los miembros de la organización poseerían, conectar con la base de datos de usuarios, y autorizar o denegar la apertura de la puerta. Se trataría de un sistema sencillo de implementar, no muy caro, y que cubre de sobra las necesidades de seguridad en la mayoría de entornos: incluso se podría abaratar si en lugar de utilizar un mecanismo para abrir y cerrar puertas el sistema se limitara a informar al administrador del área o a un guardia de seguridad mediante un mensaje en pantalla o una luz encendida: de esta forma los únicos gastos serían los correspondientes a los lectores de códigos de barras, ya que como equipo con la base de datos se puede utilizar una máquina vieja o un servidor de propósito general.
Detección
Cuando la prevención es difícil por cualquier motivo (técnico, económico, humano...) es deseable que un potencial ataque sea detectado cuanto antes, para minimizar así sus efectos. Aunque en la detección de problemas, generalmente accesos físicos no autorizados, intervienen medios técnicos, como cámaras de vigilancia de circuito cerrado o alarmas, en entornos más normales el esfuerzo en detectar estas amenazas se ha de centrar en las personas que utilizan los sistemas y en las que sin utilizarlos están relacionadas de cierta forma con ellos; sucede lo mismo que con la seguridad lógica: se ha de ver toda la protección como una cadena que falla si falla su eslabón más débil.
Es importante concienciar a todos de su papel en la política de seguridad del entorno; si por ejemplo un usuario autorizado detecta presencia de alguien de quien sospecha que no tiene autorización para estar en una determinada estancia debe avisar inmediatamente al administrador o al responsable de los equipos, que a su vez puede avisar al servicio de seguridad si es necesario. No obstante, utilizar este servicio debe ser sólamente un último recurso: generalmente en la mayoría de entornos no estamos tratando con terroristas, sino por fortuna con elementos mucho menos peligrosos. Si cada vez que se sospecha de alguien se avisa al servicio de seguridad esto puede repercutir en el ambiente de trabajo de los usuarios autorizados estableciendo cierta presión que no es en absoluto recomendable; un simple `>puedo ayudarte en algo?' suele ser más efectivo que un guardia solicitando una identificación formal. Esto es especialmente recomendable en lugares de acceso restringido, como laboratorios de investigación o centros de cálculo, donde los usuarios habituales suelen conocerse entre ellos y es fácil detectar personas ajenas al entorno.
Desastres naturales
En el anterior punto hemos hecho referencia a accesos físicos no autorizados a zonas o a elementos que pueden comprometer la seguridad de los equipos o de toda la red; sin embargo, no son estas las únicas amenazas relacionadas con la seguridad física. Un problema que no suele ser tan habitual, pero que en caso de producirse puede acarrear gravísimas consecuencias, es el derivado de los desastres naturales y su (falta de) prevención.
Terremotos
Los terremotos son el desastre natural menos probable en la mayoría de organismos ubicados en España, simplemente por su localización geográfica: no nos encontramos en una zona donde se suelan producir temblores de intensidad considerable; incluso en zonas del sur de España, como Almería, donde la probabilidad de un temblor es más elevada, los terremotos no suelen alcanzan la magnitud necesaria para causar daños en los equipos. Por tanto, no se suelen tomar medidas serias contra los movimientos sísmicos, ya que la probabilidad de que sucedan es tan baja que no merece la pena invertir dinero para minimizar sus efectos.
De cualquier forma, aunque algunas medidas contra terremotos son excesivamente caras para la mayor parte de organizaciones en España (evidentemente serían igual de caras en zonas como Los Ángeles, pero allí el coste estaría justificado por la alta probabilidad de que se produzcan movimientos de magnitud considerable), no cuesta nada tomar ciertas medidas de prevención; por ejemplo, es muy recomendable no situar nunca equipos delicados en superficies muy elevadas (aunque tampoco es bueno situarlos a ras de suelo, como veremos al hablar de inundaciones). Si lo hacemos, un pequeño temblor puede tirar desde una altura considerable un complejo hardware, lo que con toda probabilidad lo inutilizará; puede incluso ser conveniente (y barato) utilizar fijaciones para los elementos más críticos, como las CPUs, los monitores o los routers. De la misma forma, tampoco es recomendable situar objetos pesados en superficies altas cercanas a los equipos, ya que si lo que cae son esos objetos también dañarán el hardware.
Para evitar males mayores ante un terremoto, también es muy importante no situar equipos cerca de las ventanas: si se produce un temblor pueden caer por ellas, y en ese caso la pérdida de datos o hardware pierde importancia frente a los posibles accidentes - incluso mortales - que puede causar una pieza voluminosa a las personas a las que les cae encima. Además, situando los equipos alejados de las ventanas estamos dificultando las acciones de un potencial ladrón que se descuelgue por la fachada hasta las ventanas, ya que si el equipo estuviera cerca no tendría más que alargar el brazo para llevárselo.
Quizás hablar de terremotos en un trabajo dedicado a sistemas `normales' especialmente centrándonos en lugares con escasa actividad sísmica - como es España y más concretamente la Comunidad Valenciana - pueda resultar incluso gracioso, o cuanto menos exagerado. No obstante, no debemos entender por terremotos únicamente a los grandes desastres que derrumban edificios y destrozan vías de comunicación; quizás sería mas apropiado hablar incluso de vibraciones, desde las más grandes (los terremotos) hasta las más pequeñas (un simple motor cercano a los equipos). Las vibraciones, incluso las más imperceptibles, pueden dañar seriamente cualquier elemento electrónico de nuestras máquinas, especialmente si se trata de vibraciones contínuas: los primeros efectos pueden ser problemas con los cabezales de los discos duros o con los circuitos integrados que se dañan en las placas. Para hacer frente a pequeñas vibraciones podemos utilizar plataformas de goma donde situar a los equipos, de forma que la plataforma absorba la mayor parte de los movimientos; incluso sin llegar a esto, una regla común es evitar que entren en contacto equipos que poseen una electrónica delicada con hardware más mecánico, como las impresoras: estos dispositivos no paran de generar vibraciones cuando están en funcionamiento, por lo que situar una pequeña impresora encima de la CPU de una máquina es una idea nefasta. Como dicen algunos expertos en seguridad ([GS96]), el espacio en la sala de operaciones es un problema sin importancia comparado con las consecuencias de fallos en un disco duro o en la placa base de un ordenador.
Tormentas eléctricas
Las tormentas con aparato eléctrico, especialmente frecuentes en verano (cuando mucho personal se encuentra de vacaciones, lo que las hace más peligrosas) generan subidas súbitas de tensión infinitamente superiores a las que pueda generar un problema en la red eléctrica, como veremos a continuación. Si cae un rayo sobre la estructura metálica del edificio donde están situados nuestros equipos es casi seguro que podemos ir pensando en comprar otros nuevos; sin llegar a ser tan dramáticos, la caída de un rayo en un lugar cercano puede inducir un campo magnético lo suficientemente intenso como para destruir hardware incluso protegido contra voltajes elevados.
Sin embargo, las tormentas poseen un lado positivo: son predecibles con más o menos exactitud, lo que permite a un administrador parar sus máquinas y desconectarlas de la línea eléctrica3.3. Entonces, >cuál es el problema? Aparte de las propias tormentas, el problema son los responsables de los equipos: la caída de un rayo es algo poco probable - pero no imposible - en una gran ciudad donde existen artilugios destinados justamente a atraer rayos de una forma controlada; tanto es así que mucha gente ni siquiera ha visto caer cerca un rayo, por lo que directamente tiende a asumir que eso no le va a suceder nunca, y menos a sus equipos. Por tanto, muy pocos administradores se molestan en parar máquinas y desconectarlas ante una tormenta; si el fenómeno sucede durante las horas de trabajo y la tormenta es fuerte, quizás sí que lo hace, pero si sucede un sábado por la noche nadie va a ir a la sala de operaciones a proteger a los equipos, y nadie antes se habrá tomado la molestia de protegerlos por una simple previsión meteorológica. Si a esto añadimos lo que antes hemos comentado, que las tormentas se producen con más frecuencia en pleno verano, cuando casi toda la plantilla está de vacaciones y sólo hay un par de personas de guardia, tenemos el caldo de cultivo ideal para que una amenaza que a priori no es muy grave se convierta en el final de algunos de nuestros equipos. Conclusión: todos hemos de tomar más en serio a la Naturaleza cuando nos avisa con un par de truenos...
Otra medida de protección contra las tormentas eléctricas hace referencia a la ubicación de los medios magnéticos, especialmente las copias de seguridad; aunque hablaremos con más detalle de la protección de los backups en el punto 2.3.2, de momento podemos adelantar que se han de almacenar lo más alejados posible de la estructura metálica de los edificios. Un rayo en el propio edificio, o en un lugar cercano, puede inducir un campo electromagnético lo suficientemente grande como para borrar de golpe todas nuestras cintas o discos, lo que añade a los problemas por daños en el hardware la pérdida de toda la información de nuestros sistemas.
Inundaciones y humedad
Cierto grado de humedad es necesario para un correcto funcionamiento de nuestras máquinas: en ambientes extremadamente secos el nivel de electricidad estática es elevado, lo que, como veremos más tarde, puede transformar un pequeño contacto entre una persona y un circuito, o entre diferentes componentes de una máquina, en un daño irreparable al hardware y a la información. No obstante, niveles de humedad elevados son perjudiciales para los equipos porque pueden producir condensación en los circuitos integrados, lo que origina cortocircuitos que evidentemente tienen efectos negativos sobre cualquier elemento electrónico de una máquina.
Controlar el nivel de humedad en los entornos habituales es algo innecesario, ya que por norma nadie ubica estaciones en los lugares más húmedos o que presenten situaciones extremas; no obstante, ciertos equipos son especialmente sensibles a la humedad, por lo que es conveniente consultar los manuales de todos aquellos de los que tengamos dudas. Quizás sea necesario utilizar alarmas que se activan al detectar condiciones de muy poca o demasiada humedad, especialmente en sistemas de alta disponibilidad o de altas prestaciones, donde un fallo en un componente puede ser crucial.
Cuando ya no se habla de una humedad más o menos elevada sino de completas inundaciones, los problemas generados son mucho mayores. Casi cualquier medio (una máquina, una cinta, un router...) que entre en contacto con el agua queda automáticamente inutilizado, bien por el propio líquido o bien por los cortocircuitos que genera en los sistemas electrónicos.
Evidentemente, contra las inundaciones las medidas más efectivas son las de prevención (frente a las de detección); podemos utilizar detectores de agua en los suelos o falsos suelos de las salas de operaciones, y apagar automáticamente los sistemas en caso de que se activen. Tras apagar los sistemas podemos tener también instalado un sistema automático que corte la corriente: algo muy común es intentar sacar los equipos - previamente apagados o no - de una sala que se está empezando a inundar; esto, que a primera vista parece lo lógico, es el mayor error que se puede cometer si no hemos desconectado completamente el sistema eléctrico, ya que la mezcla de corriente y agua puede causar incluso la muerte a quien intente salvar equipos. Por muy caro que sea el hardware o por muy valiosa que sea la información a proteger, nunca serán magnitudes comparables a lo que supone la pérdida de vidas humanas. Otro error común relacionado con los detectores de agua es situar a los mismos a un nivel superior que a los propios equipos a salvaguardar (<incluso en el techo, junto a los detectores de humo!); evidentemente, cuando en estos casos el agua llega al detector poco se puede hacer ya por las máquinas o la información que contienen.
Medidas de protección menos sofisticadas pueden ser la instalación de un falso suelo por encima del suelo real, o simplemente tener la precaución de situar a los equipos con una cierta elevación respecto al suelo, pero sin llegar a situarlos muy altos por los problemas que ya hemos comentado al hablar de terremotos y vibraciones.
Desastres del entorno
Electricidad
Quizás los problemas derivados del entorno de trabajo más frecuentes son los relacionados con el sistema eléctrico que alimenta nuestros equipos; cortocircuitos, picos de tensión, cortes de flujo...a diario amenazan la integridad tanto de nuestro hardware como de los datos que almacena o que circulan por él.
El problema menos común en las instalaciones modernas son las subidas de tensión, conocidas como `picos' porque generalmente duran muy poco: durante unas fracciones de segundo el voltaje que recibe un equipo sube hasta sobrepasar el límite aceptable que dicho equipo soporta. Lo normal es que estos picos apenas afecten al hardware o a los datos gracias a que en la mayoría de equipos hay instalados fusibles, elementos que se funden ante una subida de tensión y dejan de conducir la corriente, provocando que la máquina permanezca apagada. Disponga o no de fusibles el equipo a proteger (lo normal es que sí los tenga) una medida efectiva y barata es utilizar tomas de tierra para asegurar aún más la integridad; estos mecanismos evitan los problemas de sobretensión desviando el exceso de corriente hacia el suelo de una sala o edificio, o simplemente hacia cualquier lugar con voltaje nulo. Una toma de tierra sencilla puede consistir en un buen conductor conectado a los chasis de los equipos a proteger y a una barra maciza, también conductora, que se introduce lo más posible en el suelo; el coste de la instalación es pequeño, especialmente si lo comparamos con las pérdidas que supondría un incendio que afecte a todos o a una parte de nuestros equipos.
Incluso teniendo un sistema protegido con los métodos anteriores, si la subida de tensión dura demasiado, o si es demasiado rápida, podemos sufrir daños en los equipos; existen acondicionadores de tensión comerciales que protegen de los picos hasta en los casos más extremos, y que también se utilizan como filtros para ruido eléctrico. Aunque en la mayoría de situaciones no es necesario su uso, si nuestra organización tiene problemas por el voltaje excesivo quizás sea conveniente instalar alguno de estos aparatos.
Un problema que los estabilizadores de tensión o las tomas de tierra no pueden solucionar es justamente el contrario a las subidas de tensión: las bajadas, situaciones en las que la corriente desciende por debajo del voltaje necesario para un correcto funcionamiento del sistema, pero sin llegar a ser lo suficientemente bajo para que la máquina se apague ([SBL90]). En estas situaciones la máquina se va a comportar de forma extraña e incorrecta, por ejemplo no aceptando algunas instrucciones, no completando escrituras en disco o memoria, etc. Es una situación similar a la de una bombilla que pierde intensidad momentáneamente por falta de corriente, pero trasladada a un sistema que en ese pequeño intervalo ejecuta miles o millones de instrucciones y transferencias de datos.
Otro problema, muchísimo más habituales que los anteriores en redes eléctricas modernas, son los cortes en el fluido eléctrico que llega a nuestros equipos. Aunque un simple corte de corriente no suele afectar al hardware, lo más peligroso (y que sucede en muchas ocasiones) son las idas y venidas rápidas de la corriente; en esta situación, aparte de perder datos, nuestras máquinas pueden sufrir daños.
La forma más efectiva de proteger nuestros equipos contra estos problemas de la corriente eléctrica es utilizar una SAI (Servicio de Alimentación Ininterrumpido) conectada al elemento que queremos proteger. Estos dispositivos mantienen un flujo de corriente correcto y estable de corriente, protegiendo así los equipos de subidas, cortes y bajadas de tensión; tienen capacidad para seguir alimentando las máquinas incluso en caso de que no reciban electricidad (evidentemente no las alimentan de forma indefinida, sino durante un cierto tiempo - el necesario para detener el sistema de forma ordenada). Por tanto, en caso de fallo de la corriente el SAI informará a la máquina Unix, que a través de un programa como /sbin/powerd recibe la información y decide cuanto tiempo de corriente le queda para poder pararse correctamente; si de nuevo vuelve el flujo la SAI vuelve a informar de este evento y el sistema desprograma su parada. Así de simple: por poco más de diez mil pesetas podemos obtener una SAI pequeña, más que suficiente para muchos servidores, que nos va a librar de la mayoría de los problemas relacionados con la red eléctrica.
Un último problema contra el que ni siquiera las SAIs nos protegen es la corriente estática, un fenómeno extraño del que la mayoría de gente piensa que no afecta a los equipos, sólo a otras personas. Nada más lejos de la realidad: simplemente tocar con la mano la parte metálica de teclado o un conductor de una placa puede destruir un equipo completamente. Se trata de corriente de muy poca intensidad pero un altísimo voltaje, por lo que aunque la persona no sufra ningún daño - sólo un pequeño calambrazo - el ordenador sufre una descarga que puede ser suficiente para destrozar todos sus componentes, desde el disco duro hasta la memoria RAM. Contra el problema de la corriente estática existen muchas y muy baratas soluciones: spray antiestático, ionizadores antiestáticos...No obstante en la mayoría de situaciones sólo hace falta un poco de sentido común del usuario para evitar accidentes: no tocar directamente ninguna parte metálica, protegerse si debe hacer operaciones con el hardware, no mantener el entorno excesivamente seco...
Ruido eléctrico
Dentro del apartado anterior podríamos haber hablado del ruido eléctrico como un problema más relacionado con la electricidad; sin embargo este problema no es una incidencia directa de la corriente en nuestros equipos, sino una incidencia relacionada con la corriente de otras máquinas que pueden afectar al funcionamiento de la nuestra. El ruido eléctrico suele ser generado por motores o por maquinaria pesada, pero también puede serlo por otros ordenadores o por multitud de aparatos, especialmente muchos de los instalados en los laboratorios de organizaciones de I+D, y se transmite a través del espacio o de líneas eléctricas cercanas a nuestra instalación.
Para prevenir los problemas que el ruido eléctrico puede causar en nuestros equipos lo más barato es intentar no situar hardware cercano a la maquinaria que puede causar dicho ruido; si no tenemos más remedio que hacerlo, podemos instalar filtros en las líneas de alimentación que llegan hasta los ordenadores. También es recomendable mantener alejados de los equipos dispositivos emisores de ondas, como teléfonos móviles, transmisores de radio o walkie-talkies; estos elementos puede incluso dañar permanentemente a nuestro hardware si tienen la suficiente potencia de transmisión, o influir directamente en elementos que pueden dañarlo como detectores de incendios o cierto tipo de alarmas.
Incendios y humo
Una causa casi siempre relacionada con la electricidad son los incendios, y con ellos el humo; aunque la causa de un fuego puede ser un desastre natural, lo habitual en muchos entornos es que el mayor peligro de incendio provenga de problemas eléctricos por la sobrecarga de la red debido al gran número de aparatos conectados al tendido. Un simple cortocircuito o un equipo que se calienta demasiado pueden convertirse en la causa directa de un incendio en el edificio, o al menos en la planta, donde se encuentran invertidos millones de pesetas en equipamiento.
Un método efectivo contra los incendios son los extintores situados en el techo, que se activan automáticamente al detectar humo o calor. Algunos de ellos, los más antiguos, utilizaban agua para apagar las llamas, lo que provocaba que el hardware no llegara a sufrir los efectos del fuego si los extintores se activaban correctamente, pero que quedara destrozado por el agua expulsada. Visto este problema, a mitad de los ochenta se comenzaron a utilizar extintores de halón; este compuesto no conduce electricidad ni deja residuos, por lo que resulta ideal para no dañar los equipos. Sin embargo, también el halón presentaba problemas: por un lado, resulta excesivamente contaminante para la atmósfera, y por otro puede axfisiar a las personas a la vez que acaba con el fuego. Por eso se han sustituido los extintores de halón (aunque se siguen utilizando mucho hoy en día) por extintores de dióxido de carbono, menos contaminante y menos perjudicial. De cualquier forma, al igual que el halón el dióxido de carbono no es precisamente sano para los humanos, por lo que antes de activar el extintor es conveniente que todo el mundo abandone la sala; si se trata de sistemas de activación automática suelen avisar antes de expulsar su compuesto mediante un pitido.
Aparte del fuego y el calor generado, en un incendio existe un tercer elemento perjudicial para los equipos: el humo, un potente abrasivo que ataca especialmente los discos magnéticos y ópticos. Quizás ante un incendio el daño provocado por el humo sea insignificante en comparación con el causado por el fuego y el calor, pero hemos de recordar que puede existir humo sin necesidad de que haya un fuego: por ejemplo, en salas de operaciones donde se fuma. Aunque muchos no apliquemos esta regla y fumemos demasiado - siempre es demasiado - delante de nuestros equipos, sería conveniente no permitir esto; aparte de la suciedad generada que se deposita en todas las partes de un ordenador, desde el teclado hasta el monitor, generalmente todos tenemos el cenicero cerca de los equipos, por lo que el humo afecta directamente a todos los componentes; incluso al ser algo más habitual que un incendio, se puede considerar más perjudicial - para los equipos y las personas - el humo del tabaco que el de un fuego.
En muchos manuales de seguridad se insta a los usuarios, administradores, o al personal en general a intentar controlar el fuego y salvar el equipamiento; esto tiene, como casi todo, sus pros y sus contras. Evidentemente, algo lógico cuando estamos ante un incendio de pequeñas dimensiones es intentar utilizar un extintor para apagarlo, de forma que lo que podría haber sido una catástrofe sea un simple susto o un pequeño accidente. Sin embargo, cuando las dimensiones de las llamas son considerables lo último que debemos hacer es intentar controlar el fuego nosotros mismos, arriesgando vidas para salvar hardware; como sucedía en el caso de inundaciones, no importa el precio de nuestros equipos o el valor de nuestra información: nunca serán tan importantes como una vida humana. Lo más recomendable en estos casos es evacuar el lugar del incendio y dejar su control en manos de personal especializado.
Temperaturas extremas
No hace falta ser un genio para comprender que las temperaturas extremas, ya sea un calor excesivo o un frio intenso, perjudican gravemente a todos los equipos. Es recomendable que los equipos operen entre 10 y 32 grados Celsius ([GS96]), aunque pequeñas variaciones en este rango tampoco han de influir en la mayoría de sistemas.
Para controlar la temperatura ambiente en el entorno de operaciones nada mejor que un acondicionador de aire, aparato que también influirá positivamente en el rendimiento de los usuarios (las personas también tenemos rangos de temperaturas dentro de los cuales trabajamos más cómodamente). Otra condición básica para el correcto funcionamiento de cualquier equipo que éste se encuentre correctamente ventilado, sin elementos que obstruyan los ventiladores de la CPU. La organización física del computador también es decisiva para evitar sobrecalentamientos: si los discos duros, elementos que pueden alcanzar temperaturas considerables, se encuentran excesivamente cerca de la memoria RAM, es muy probable que los módulos acaben quemándose.