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Tener un mundo, hacer un mundo... - Metafora y concepto en Nietzsche

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Creative Commons Tutorial de Carlos Muñoz Gutiérrez - 31 de Mayo de 2006
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1. Metafora y concepto en Nietzsche

En el fondo de la definición de verdad, que nos ofrece Nietzsche como un móvil ejército de metáforas, metonimias, antropomorfismos, encontramos otra idea más general que nos presenta a la historia intelectual de la humanidad como una historia de la metáfora, de la ilusión y, por ende, de la mentira. Esta visión la volveremos a encontrar posteriormente en autores como Derrida o incluso Rorty; aceptarla en estos términos conlleva la paradoja que el propio Derrida nos advertía en la Mythologie Blanche (2), según la cual no hay lugar no metafórico desde donde se pudiera considerar a la metáfora. Esta paradójica situación, que supongo que Nietzsche también viera, es lo que difunde en su escrito el uso de la palabra mentira y la actitud de desconfianza y rechazo hacia el género humano, al que califica de fingidor, adulador, engañador, mentiroso, fraudulento, murmurador, farsante, en una palabra: "un revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad" es la regla de conducta del ser humano. Considerar esto así no es especialmente grave, la lectura del escrito de Nietzsche termina consolándonos, pero personalmente quisiera reinterpretar lentamente el razonamiento nietzscheano para, salvando sus tesis fundamentales, ofrecer una versión distinta.

El punto de partida de Nietzsche es considerar la capacidad intelectual del ser humano, es decir, su inteligencia, como una herramienta adaptativa. Esta idea es hoy la base de la ciencia cognitiva contemporánea, que después de haber tratado con distintos modelos de inteligencia, ha llegado a esta consideración por ser la única actualmente productiva.

"Es digno de nota que sea el intelecto quien así obre, él que, sin embargo, sólo ha sido añadido precisamente como un recurso de los seres más infelices, delicados y efímeros, para conservarlos un minuto en la existencia, de la cual, sin ese aditamento tendrían toda clase de motivos para huir tan rápidamente como el hijo de Lessing." (pág.18)

Efectivamente, sólo desde una posición evolucionista, en la que la inteligencia humana ha llegado a ser la principal herramienta para la supervivencia del ser humano, podemos analizar el conocimiento, y su objetivo la verdad, sin caer en pretensiones ontológicas que no han podido escapar a la duda y al escepticismo. El conocimiento es el medio del que dispone la especia humana para representarse el mundo en el que vive, como bien ve Nietzsche. Resulta extrapolable, pero bien fundado, pensar que toda entidad existente necesita alguna representación del mundo o de aquello que le resulta de interés para su supervivencia en el mundo; pero, en el caso del ser humano, que no tiene cuernos, o afilada dentadura, que posee un repertorio de instintos limitado, porque para el hombre el mundo es cambiante y requiere un aprendizaje continuo, el conocimiento inteligente es su único recurso para atrapar en símbolos un mundo variado y cambiante que le permitan predecir el futuro, recordar las experiencia pasadas y colocarse ante el acontecer de las cosas en una posición ventajosa.

Según Nietzsche esto lo consigue fingiendo, pero ¿por qué fingiendo? Sin duda el fingimiento lo detecta en esa tendencia que encuentra Nietzsche en el hombre hacia la verdad. En este sentido, la crítica nietzscheana se dirige a todo un planteamiento objetivista y representacionalista heredado de Descartes, pero no ausente tampoco en la filosofía anterior. El hombre finge al creer que hay un mundo dado independiente del sujeto, que puede lograr una descripción correcta del mismo y que la corrección de esa descripción del mundo pasa por la correspondencia entre pensamiento y realidad. El hombre se engaña en el punto en que considera que existe una verdad que la propia realidad valida. Y fingirá también cuando, una vez construida la verdadera descripción del mundo, olvide que es una mera construcción.

Para desmontar la visión objetivista imperante en la historia del pensamiento, Nietzsche revisa el lenguaje porque es en él donde reside la construcción del mundo. "¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades?", se pregunta el autor. El lenguaje, aunque más bien deberíamos matizar y ampliarlo a toda nuestra actividad conceptual, que efectivamente se funda en un mecanismo de olvido - pensar es olvidar las diferencias, decía Borges (3)- organiza el mundo en géneros, categoriza los objetos en función de las necesidades humanas y construye un mundo agrupando y ordenando su contenido en función de preferencias humanas encontradas en ciertas propiedades de las cosas.

Una breve reflexión de lingüística comparada sirve a Nietzsche para apoyar esta idea: "Los diferentes lenguajes, comparados unos con otros, ponen en evidencia que con las palabras jamás se llega a la verdad ni a una expresión adecuada pues, en caso contrario, no habría tantos lenguajes" (4)

Naturalmente aquí Nietzsche no puede escapar al impulso esencialista que desde Aristóteles a Kant pensara una realidad en sí, accesible o no al intelecto humano, pero constituyente y determinante de las cosas que componen el mundo. De algún modo, aunque recorre comparativamente los diversos universos que otros seres podrían crear, Nietzsche sigue manejando la idea de que la realidad es, de algún modo, independiente del ser que la conceptualiza y la nombra. El realismo, que nos vuelve mentirosos o fingidores, resulta ser el cristal con el que una y otra vez, incluso el propio Nietzsche, el pensamiento filosófico se topa en busca de una salida de la botella.

Nietzsche comprende la necesidad humana de construir conceptos mediante el agrupamiento esquematizado de experiencias similares, pero muy distintas, equiparando casos, olvidando diferencias, porque necesitamos representarnos el mundo para pensar sobre él. Para cuando la representación ha sido creada, el proceso ya se ha invertido y ahora es la realidad a lo que vemos ajustándose a nuestras representaciones. La idea platónica, como arquetipo, legisla y justifica nuestro conocer.

Llegamos así a la definición de verdad con la que empezábamos nuestra reflexión. Es indudable entonces que nuestro conocimiento consiste en poner en movimiento un ejército de metáfora, metonimias, antropomorfismos. Pero entonces, ¿qué es una metáfora? ¿Por qué tenemos necesidad de ellas?

Autor y licencia de 'Tener un mundo, hacer un mundo... - Metafora y concepto en Nietzsche'
Carlos Muñoz Gutiérrez Extraído de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html

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